27 de marzo de 2012

La objetividad o la belleza descifrable; la subjetividad o la belleza indescifrable...



Cuando el gran pintor flamenco Pieter Brueghel el viejo (1526-1569) admirase la obra de su compatriota El Bosco, muerto diez años antes, no se decidiría todavía a imitar sus simbólicos monstruos marinos o terrestres, desaforados o reptantes, hasta casi hacerlo ya al final de su vida. El Bosco (1450-1516) se había anticipado mucho antes que nadie y había representado ya la más siniestra y terrorífica muestra de seres transfronterizos, surrealistas y oníricos, mitad animales y mitad otra cosa, algo que adaptaría además a la teología sanguinaria del castigo divino más inapelable. Es decir, este creador -El Bosco- no dudaría nunca establecer una oposición muy clara, sórdida y definitiva, entre el Mal y el Bien. Pero Brueghel, al contrario que el pintor El Bosco, dejaría ahora al ser humano la posibilidad de salvarse por su propia lucha, de acercarse así al mundo de su propia vida para poder ahora elegir él libremente..., y poder así, también, disfrutar de una Naturaleza más cercana, mucho más prodigiosa y magnánima.

Pero del mismo modo que aquel autor anticipado del Jardín de las Delicias ya lo hiciera, ahora el pintor Brueghel nos introduciría una vez en el abismo de una interpretación demasiado indescifrable con su extraña obra de Arte La caída de los ángeles rebeldes realizada en el año 1562. Representa con su obra aquí el pintor flamenco la defenestración de los ángeles rebelados a Dios, unos seres celestes que son ahora obligados a descender, a caer desde la gloria luminosa donde habitaban antes con la divinidad. No existe, sin embargo, ninguna referencia a este acontecimiento sagrado en toda la Biblia cristiana occidental. Tan sólo en la Iglesia cristiana Etíope, en su Libro de Enoc, se describe una escena o gesta de una caída así de los ángeles rebeldes... Pero este manuscrito antiguo de la iglesia cristiana etíope no fue descubierto sino hasta el año 1773 -por el explorador inglés Bruce-, doscientos años después de la creación artística del gran pintor flamenco. A pesar de esto, Brueghel recrearía entonces ya -doscientos años antes-, con solo su imaginación, lo que el Apocalipsis de San Juan (12:7), sin embargo, sí mencionaba brevemente del Arcángel San Miguel y de su combate con el dragón o la serpiente maligna, también denominada ésta Satanás, el único referente bíblico a ese tipo de lucha celeste.

En esta impactante obra de Brueghel se observan dos mundos ahora... Uno el superior, el celeste, el luminoso donde los seres alados angelicales surcan libres y poderosos. Aunque, también, hay ahí seres siniestros o engendros inconcebibles, muy pocos, pero los hay. Luego, justo en la mitad fronteriza de esos dos mundos, destaca ahora un ángel con una gran armadura dorada, en este caso San Miguel, que con relajada apostura se opondrá aquí, muy decidido, a impedir la subida de esos otros seres alados -y no tan alados- desterrados ahora ya del cielo para siempre. Unos seres celestes que, hermanos antes de los ángeles, acabarán ahora convertidos en pequeños y alienantes monstruos descorazonadores. Pero, nada más. No hay aquí demasiada crueldad, sin embargo; ni demasiados aspavientos demoledores, tan sólo hay transformación... Los seres caídos deambulan ahora hacia lo inferior, hacia el submundo de lo oscuro, de lo terroso, de lo confuso, de lo excesivo o de lo inexplicable. Y es por esto mismo que el autor flamenco dejará ahora absolutamente aquí -extrañamente por entonces- al imperio de lo subjetivo lo que, para él, no es posible ya traducir ahora con figuraciones objetivas realistas, una figuraciones éstas, sin embargo, más propias del momento pictórico renacentista contemporáneo del pintor.

Otros creadores desarrollaron su Arte también desde lo indescifrable, es decir, desde una muy buscada abstracción de lo real. Dalí fue un claro ejemplo de esto. En su obra Impresiones de África, nos presentaba el surrealista pintor español una composición demasiado incomprensible. ¿Qué nos quiere transmitir Dalí con todo eso en su lienzo surrealista? ¿Qué más cosas, a parte de un paisaje típicamente desértico, acudirán ahora a ayudarnos a relacionar esta obra con el motivo titulado de su impresión, es decir, con África? Muy pocas. Hasta el propio pintor rechazaría ser descubierto del todo pintando su obra, no quiere ser ahora visto claramente realizando tan indescifrable obra. Otros pintores, como el impresionista Manet, nos ofrecen, a cambio, la mayor objetividad posible en sus creaciones artísticas. Objetividad aquí entendida como se define el propio término objetivo: observar la calidad del objeto representado en lo que se refiere al objeto en sí mismo, y no -como abundan en las dos obras anteriores- a nuestra percepción tan subjetiva,  personal o muy  particular del mismo.

(Óleo de Pieter Brueghel el viejo, La Caída de los Ángeles rebeldes, 1562, Real museo de Bellas Artes de Bélgica, Bruselas; Cuadro Impresiones de África, de Dalí, 1938; Óleo de Manet, Pareja en un Balandro, 1874.)

No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...