28 de octubre de 2012

El sentimiento de pudor como una manifestación sincera y libre de los seres.



El Arte nos invita a respirar libertad y belleza, armonía y seducción, pero, también, equilibrio y contraste, virtuosismo, expresión, candidez y sobrecogimiento. Y mucho más... Pero, sobre todo, el gesto interpretado desde la más exquisita inspiración personal, demostrando la inmensa capacidad expresiva que puede manifestar una misma emoción. Y en la representación de la belleza erótica del cuerpo femenino los autores han transmitido su personal característica iconográfica, psicológica o social. A veces con el pudor como un rasgo asimilable o no a su objetivo. Hay diversas formas de pudor..., como hay diversas formas de mentir, de amar, de pintar o de entenderlo. 

En esta muestra de imágenes artísticas destacaré diferentes posibles semblanzas de pudor que sus creadores pudieron idear con sus obras. Primeramente está el pudor natural, el sereno, el respetado, el que obra desde la razón más elogiosa de una imagen sosegada. Aquí, en el cuadro del pintor mexicano Ángel Zárraga, la modelo señala con su pudor ahora la humanidad más razonable, la más equilibrada, la que cubre los motivos racionales más importantes de su especie. Demuestra ahora que su mente es sólo para ella lo importante, lo más salvable, lo único que se permitirá ella aquí esconder ahora bajo su velo.

Luego el creador español Romero de Torres nos sitúa ante el pudor indiferente, aquel que da igual lo que se vea o lo que se oculte, o lo que se quiera o no velar ante los ojos. El que se sepa, verdaderamente, esconder bajo una capa... En este caso, la bella ausente modelo se desboca aquí natural, perfecta, inevitable y rigurosa. Sin recatar nada en ella que sienta ahora que obedece a algún pudor artificioso, porque le da igual lo que desprenda el gesto orgulloso de su estampa. Pero existirá también otro pudor, el pudor más inevitable, el inexistente para todos, el aprensivo, el hierático o solemne. Especialmente posible por la representación justificada de un concepto irreverente... Es ahora la Magdalena penitente, la que tiene más que ganado el verdadero pudor de su actitud, la modelo que eternizará aquí la virtud de lo entregado, del espíritu sensible, casi infantil, y que descubrirá con él así el único y puro valor de lo sagrado.

Después está la modelo descarnada, la que no puede permitirse ningún pudor determinado. La que demuestra aquí que está así todo justificado con su gesto, la que nada teme ya porque nada puede elegir..., la que la muerte amenaza... Así nació ella, desnuda, y así vivió, desnuda; y así -desnuda- deberá dejar también de hacerlo. El creador, el español Eugenio Hermoso, se aproxima aquí a enfrentar los dos extremos más salvajes de nuestro mundo: la vida y la muerte; y ambos dos están aquí desnudos, sin ambages, sin recato ni amuleto, sin adornos ni equipajes. Pero también existirá otro pudor, un pudor más arriesgado, más auténtico, el que se vence y sostiene a solas, ocultando solo apenas ya su rostro, demostrando con él así el motivo más sagrado de su propia ocultación: su reparo y su respeto por su vida y por los otros... Aquí es la obra del pintor canario José Aguiar García la que consigue representar el pudor obligadamente desvelado, el más solemne pudor, el más hermoso pero, también, el más vencido y desolado.

Por último una obra diferente, una forma distinta ahora de entender el pudor. La pintora actual francesa Kiéra Malone nos muestra una extraordinaria obra de Desnudo. En su creación la belleza prima sobre todo y revelará el pudor del desnudo más velado, aquel que manifiesta el sentido más clásico y el más condescendiente con el más verdadero significado de una expresión tan pudorosa. Aquí vemos un desnudo del todo esplendoroso y maravilloso, pero no vemos -ni veremos- los designios ni los rasgos de ninguna intimidad impudorosa... Cuando los dioses griegos pensaron en la necesidad de crear el mundo y sus criaturas, decidieron utilizar la tierra, el fuego y el agua para modelar a todas las especies diferentes. Entonces enviaron a dos titanes, Prometeo y Epimeteo, para que proveyesen de las facultades que cada una de esas especies precisasen para vivir. Epimeteo le pidió a su hermano Prometeo que le dejase elegir la distribución de las distintas facultades: una vez que yo haya hecho la distribución, tú luego la supervisarás, le dijo. Así Epimeteo le dió a unas especies la fuerza, pero no la rapidez; ésta se la entregaría a otras mucho más débiles. A unas especies les daría armas para defenderse, a otras les proporcionaría sutileza. A las que tenían un cuerpo pequeño las dotaría de alas para huir, a otras la habilidad para guarecerse, y así...

Pero como Epimeteo no era del todo muy sabio gastaría pronto todas las facultades en los animales, quedando la especie humana sin equipar en nada. Al llegar Prometeo para supervisar lo realizado observa que todos los animales estan facultados, pero, solo al hombre lo encuentra ahora desnudo, sin calzado, sin abrigo, del todo inerme... Y es entonces cuando, apiadado y generoso, Prometeo robará a Hefesto y Atenea -los dioses del fragor luminoso y de la sabiduría- el fuego y las Artes para que, con ellas, pudieran ahora los hombres sobrevivir... De ese modo acabarían por reproducirse y desperdigarse por el mundo. Pero, sin embargo, sólo podrían vivir los hombres solos, o en parejas si acaso. Cuando luego decidieron vivir juntos varios de sus miembros, les era imposible hacerlo. No sabrían comportarse unidos, no tendrían conocimiento para ello, se ultrajaban, se abatían, o se dejaban ofuscar. Les faltaría otro arte, otra sabiduría diferente, algo que sólo el dios Zeus poseería guardado ahora en el Olimpo.

Y de esa manera fue como Zeus, convencido de que no sobrevivirían así, envió al dios Hermes para que les llevase a los hombres el pudor. Pretendía el gran dios que reinase entre ellos la justicia, la amistad, el respeto y la armonía. Hermes le preguntó entonces al poderoso dios la forma de repartir el pudor entre los hombres: ¿Lo distribuyo como fueron distribuidas las demás facultades? Quiso decir Hermes que, con que a uno de ellos le tocara un arte, éste se encargaría de mantener a los demás hombres -con que uno, por ejemplo, dispusiera del arte de la medicina, bastaría para tratar a los demás, y lo mismo con las otras facultades-. Insistió Hermes, ¿Reparto así la justicia y el pudor entre los hombres, o bien los distribuyo entre todos por igual? "Entre todos", respondió Zeus. "Y que todos participen de ellas, porque si participan de ellas sólo unos pocos, como ocurre con las demás artes, jamás habrá ciudades. Además, establecerás esta ley: Que todo aquel que sea incapaz de participar del pudor y de la justicia sea completamente eliminado, como una horrible peste que deba ser alejada ahora y para siempre de la comunidad."

(Óleo La bailarina desnuda, 1907, del pintor mexicano Ángel Zárraga; Cuadro del pintor español Julio Romero de Torres, La niña torera, 1928; Óleo del pintor del renacimiento italiano Giampietrino, Magdalena penitente, 1550; Pintura del pintor español Eugenio Hermoso, La muerte y un desnudo, 1940; Óleo Desnudo, siglo XX, del pintor canario José Aguiar García, Museo Bellas Artes de San Fernando, Madrid; Pintura de la creadora actual francesa Kiéra Malone, Desnudo.)

No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...