16 de octubre de 2012

Hugo van der Goes: las manos como obsesión y como reconocimiento, como locura y como Arte.



Cuando el pintor del gótico medieval Hugo van der Goes (1440-1482) sufriera, a los treinta y cinco años de edad, una crisis muy profunda de conciencia, deseó por entonces recluirse solo en el monasterio agustino de Rouge Cloitre. Este cenobio religioso flamenco, cercano al bosque de Soignes (actual Bélgica), era conocido por el artista pues su hermano Nicolas van der Goes había profesado en él. El abad del monasterio acogió entonces muy cordialmente al pintor flamenco. Alguien ahora que, sin ser siquiera ordenado, le fue permitido habitar en las estancias de los monjes, pudiendo recibir clientes, encargos artísticos y amigos. Seis años después de esta reclusión voluntaria, en el año 1481, saldría del cenobio belga para viajar hasta la ciudad alemana de Colonia. Pero, a su regreso al monasterio, no pudo por entonces controlar la enorme angustia que, de pronto, le sobrevino a su espíritu desasosegado.

Una acceso de locura asolaría al genial pintor gótico. Unicamente pensará él en suicidarse, en dejar de vivir como fuese. La idea obsesiva de creer firmemente estar destinado al infierno le llevará a una crisis personal y psicológica inevitable, un proceso del que ya no se recuperaría. En el monasterio belga consiguió prolongar su vida un año más. En ese tiempo, no se sabe si creó o no alguna que otra obra, ya que no existen datos de que pintara Hugo van der Goes más allá del año 1480. Finalmente, fallecería el pintor gótico-renacentista un día desconocido del año 1482, a los cuarenta y dos años de edad, después de no haber podido superar su fatal angustia.

Realmente no se sabe, incluso, si habría pintado en los años previos al final de su vida. Si lo hizo, lo hizo muy poco comparado con la gran producción artística desarrollada entre los años 1465 y 1478. A lo largo de la historia, obras de Arte gótico le han sido atribuidas erróneamente a él. En la National Gallery de Londres, por ejemplo, existe una obra denominada La muerte de la Virgen después de Hugo van der Goes, datada actualmente en el año 1500 y de un autor desconocido. Había sido atribuida a él también, después incluso de haberlo sido a otros posibles autores, pero, al final, la obra del National Gallery aún no ha podido ser, verdaderamente, relacionada no ya con él sino con ningún otro autor conocido.

En la Colección Real de la corona británica existe el conjunto denominado Paneles del Altar de la Trinidad, una extraordinaria composición de Hugo van der Goes del año 1479. En la representación divina de la Trinidad tuvo el creador flamenco la osadía de pintar a la primera persona -Dios Padre- con los rasgos juveniles propios de la segunda, del Hijo. Posiblemente este atrevimiento le hubiese costado un disgusto a su autor tan sólo un siglo después... ¿Sería tal vez por eso, por este atrevimiento teológico suyo, por lo que el pintor pensara ya en su condenación inapelable...? Pero es una realidad que la libertad artística del siglo XV superó en estas y otras cuestiones a tiempos posteriores, siendo curiosamente esta etapa, además, una etapa demasiado subrayada por la representación exclusivamente religiosa.

Pero son ahora las manos, las manos de sus personajes retratados, lo que obsesionaría al pintor... Por ejemplo, en su auténtica obra Muerte de la Virgen, del año 1480, todos los personajes dibujados en la pintura gótica muestran aquí sus manos, o las dos o una, pero todos la muestran claramente. Algo extraordinario y difícilmente repetible -o abundante- en otras obras pictóricas en toda la Historia del Arte. Para Hugo van der Goes las manos debían ser el símbolo por excelencia del ser humano. Lo que le da su cualidad humana y le permite, además, poder crear cosas hermosas con ellas. Cuando se encontraran, por primera vez, los críticos con algunas obras de Arte parecidas a su especial creación, a su peculiar estilo, pero no supieran aquéllos con certeza asignar bien su atribución a un autor conocido, debían haber entonces únicamente mirado atentos ahora la pintura: si en ella hubiesen destacado muchas manos de sus personajes retratados, de seguro que no se hubieran equivocado ninguno de ellos, de ningún modo, al asignársela ahora, definitivamente, a él.

(Detalle de la obra central del Tríptico de Polinari, Hugo van der Goes, Uffizi, Florencia; Tabla central del Tríptico de Polinari, 1478, Hugo van der Goes, Uffizi; Representación completa del Tríptico de Polinari; Paneles del Altar de la Trinidad, 1479, Hugo van der Goes, Colección Real, Londres; Óleo La locura de Hugo van der Goes, 1872, del pintor belga Emile Wauters; Pintura Muerte de la Virgen, 1500, anónimo, National Gallery, Londres; Pintura sobre tabla Muerte de la Virgen, 1479-80, Hugo van der Goes, Brujas, Bélgica.)

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