6 de enero de 2013

La creación anónima y las libertades artísticas o históricas de sus autores.



Todos los reinos tuvieron sus paladines, personajes históricos que lideraron y determinaron el destino prodigioso y grandioso de sus pueblos. En España, por ejemplo, la reina Isabel I -la católica- y sus descendientes Carlos I y Felipe II han pasado a la historia como artífices de lo que alcanzaría a ser una de las más grandes naciones de todos los tiempos. Pero, Francia también comenzaría su hegemonía histórica con alguno de sus personajes coronados, reyes que llevaron a cabo los cimientos que la convertirían años después en otra de las más grandes naciones europeas. Francisco I de Francia sería el promotor -malogrado en sus objetivos iniciales- de lo que acabarían consolidando el rey Enrique II y, algo más tarde, el rey Enrique IV con su nueva, decisiva e histórica dinastía borbónica. Francisco I de Valois (1494-1547) no se limitaría a luchar en los campos de batalla europeos sino que trataría de ganar la carrera artística para su país con el grandioso Renacimiento, tendencia cultural que ya había conseguido dominar en Italia desde mediados del siglo XV.

Príncipe verdaderamente renacentista, se ocuparía Francisco I de transformar su corte francesa en un reducto de artistas de toda condición, origen y naturaleza. Ha pasado a la historia por haber acogido al gran Leonardo da Vinci en uno de los momentos más dramáticos para este artista. El gran creador florentino le bendeciría luego con grandes obras maestras, hoy depositadas en el museo parisino del Louvre. Enrique II continuaría la devoción de patronazgo nacional que su padre ya emprendiera para hacer de Francia una gran nación en todos los órdenes. Aunque, sin embargo, ha pasado más a la historia por haber sido uno de los primeros reyes franceses que más quisiese a su amante que a su real esposa. Tres años después de celebrar su matrimonio con Catalina de Médicis -siendo él Delfín de Francia-, se uniría para siempre con la hermosa Diana de Poitiers, una concubina de extraordinaria belleza y piel tan blanca como solo las modelos renacentistas pudieran tener. Fue Francisco I quien mucho tiempo antes, en un viejo castillo al norte de Francia, el castillo  de Fonteinebleau, introdujese el asombroso Manierismo en su país. Redecoraría, rediseñaría y albergaría en ese vetusto castillo francés toda la creatividad que artistas italianos -entonces los mejores del mundo- pudieran realizar en suelo francés.

Se crearía así una escuela artística, la Escuela de Fontainebleau, tendencia que formaría a artistas franceses como François Clouet (1510-1572), el cual retrataría en el año 1571 a la hermosa amante del rey, Diana de Poitiers. Retrato que determinaría un peculiar estilo artístico en la forma de plasmar la característica sensualidad cortesana del renacimiento manierista francés. Clouet había realizado en el año 1559 su mitológica creación El baño de Diana, donde el pintor francés representaba a su rey Enrique a caballo al fondo de la obra -distante del plano principal-, en una escena en la que una diosa romana -Diana cazadora, la amante enamorada- está ahora solazándose satisfecha y rodeada de ninfas y sátiros manieristas. Esas obras de Clouet marcarían la tendencia que Fonteinebleau determinaría con su virtuosismo sensual, mágico y misterioso. Pero, a diferencia de las obras de autores conocidos, muchas de las creaciones de ese período francés pasaron a la historia anónimas, sin posibilidad de saber realmente quiénes fueron sus auténticos creadores. Es el caso del conocido cuadro más paradigmático de esa efímera escuela francesa, Retrato de Gabrielle d'Estrées y una de sus hermanas. Siguiendo la influencia de Clouet, el autor anónimo realizaría una maravillosa obra de Arte sin él saberlo incluso. ¿Qué mayor grandeza en un creador que la de no firmar su obra, que jamás desvelar su autoría? Sin embargo, esta eventualidad -nunca sabida muy bien por qué- conllevaría poder permitirse con sus obras, desde el más afortunado anonimato, incluir algunos alardes y señales creativas o misteriosas... Libertades o mensajes semiocultos que hicieron de esa obra una de las creaciones más inquietantes y enigmáticas -además de bellas- habidas en la Historia del Arte.

Después del fallecimiento del rey Enrique II, Francia entraría en uno de los momentos históricos más difíciles tenidos en su edad moderna. Sus hijos hirían reinando frágilmente, sucediéndose en instantes cortos, influidos por los terribles conflictos causados por las guerras de religión francesas. Los hugonotes -protestantes franceses- lucharían por el poder en Francia frente a los católicos fanáticos e intransigentes. Y es entonces cuando Catalina de Médicis -la reina madre- piensa que un matrimonio adecuado resolvería todos los problemas de Francia. A su hija menor, Margarita de Valois, la compromete entonces con el líder de los hugonotes franceses, un familiar lejano de los Valois, Enrique de Navarra (en aquellos años Navarra era un pequeño reino bajo influencia francesa). Pero, ambos contrayentes se detestaban y el matrimonio tan sólo mantuvo a salvo la vida de los dos frente a las traiciones de los otros candidatos al trono. Hasta que el trono francés acaba vacante y ahora en manos de Enrique de Navarra  -el futuro rey Enrique IV- en el año 1589. Enrique IV fue uno de los más importantes reyes franceses, monarca que determinaría las bases de la posterior grandeza del país galo. Un año después, aún en luchas religiosas el país, un amigo del rey, el duque francés de Bellegarde -Roger de Saint-Larry-, le presentaría a su amante, la bella y joven Gabrielle d'Estrées, y, entonces, el rey quedaría del todo enamorado de aquella amante del duque.

Enrique IV de Francia trataría de anular su matrimonio con Margarita de Valois, una mujer promiscua y lasciva en exceso, sin escrúpulo alguno en compartir su lecho con todo aquel que algún beneficio pudiera reportarle. Gabrielle, como la mayoría de las concubinas y cortesanas de Francia, era una joven heredera de la alta sociedad que su padre acabaría uniendo en matrimonio con Nicolás d'Amerval. Sin embargo, Gabrielle d'Estrées abandonaría meses después a su noble marido para convertirse en la nueva amante del rey de Francia. Tuvo Gabrielle con el rey Enrique IV tres hijos: César, Catalina y Alejandro, bastardos todos, por supuesto. Pero ambos amantes no dejarían de amarse por sus propios motivos, iguales y diferentes... Aunque Gabrielle no dejaría de visitar a su antiguo amante Roger de Saint-Larry -el duque de Bellegarde- cuando el rey estuviese lejos, ocupado o enfermo. Cuenta una leyenda -que como todas no es verdad ni mentira- que Gabrielle d'Estréss quedaría embarazada de un cuarto hijo en octubre del año 1598, cuando el rey francés se encontraba recién operado de un absceso terrible que le impediría orinar... Es entonces cuando retratan a Gabrielle de ese sensual modo en Fontainebleau. ¿Quién la retrata así? No se sabe. ¿Por qué la pintaron de esa forma tan curiosa, provocativa y misteriosa? Tampoco.  

Alguien -se supone un pintor- sabría todo lo relacionado sobre ella y su vida licenciosa, amoríos y leyendas. Entonces, con el virtuosismo que solo el Arte tiene, la plasmaría ese pintor a ella metafóricamente atrapada entre el anhelo de ser reina, su futura maternidad y el padre enigmático -al parecer Roger de Saint-Larry- de su embarazo. Este personaje -el duque de Bellegarde- está retratado además dentro del cuadro -encima de la chimenea-, donde tan sólo sus piernas se ven ahora. El sentido erótico del lienzo no fue sexual sino maternal, porque una de las características de su comprometido estado de buenaesperanza -el pezón desarrollado- se señala claramente entre los dedos de su compañera retratada. ¿Quién fue esta otra mujer? El título dice que su hermana, pero, ¿lo era realmente? Otros afirman que no, que se trata de la siguiente amante que tuvo el rey francés, Henriette d'Entragues. En abril del año 1599, cinco meses después de su misterioso embarazo, fallece Gabrielle d'Estrées de una infección mortal. ¿El destino de Francia había estado en manos de un amor inadecuado del rey? Enrique IV le prometería a su amante que a su anulación matrimonial de Margarita se esposaría con ella. Pero, eso nunca lo cumpliría el monarca...

Moriría Gabrielle d'Estrées antes de todo eso y la familia Médicis acabaría reinando de nuevo -como siempre- en la atribulada corte de Francia. Enrique IV se casaría finalmente con María de Médicis en el año 1600. Y el reino comenzaría entonces un esplendor nunca visto antes en el país galo, ahora ya pacificado, próspero e ilusionado en un futuro prometedor. Para ese momento el Manierismo triunfante en el Arte había acabado decayendo, poco a poco, frente al poderoso, balbuceante pero definitivo, Barroco. Sin embargo, ese estilo artístico barroco su rey francés no lo vería jamás...  El 14 de mayo del año 1610, cuando Enrique IV de Francia -el primer rey Borbón coronado en Europa- paseaba en su elegante carruaje por París camino de palacio, un iluminado católico fanático -François Ravaillac- se avalanzaría furioso hacia el monarca muy decidido y, ahora, con toda la fuerza de su ira vengativa y odiosa -por acabar tolerando el rey la Reforma protestante en Francia-, terminaría así por acuchillar y herir mortalmente la vida de aquel rey francés tan ambicioso.

(Óleo Gabrielle d'Estrées -a la derecha- y una de sus hermanas, 1594, Escuela de Fontainebleau, Museo del Louvre, París; Obra manierista El baño de Diana, 1559, del pintor francés François Clouet, Museo de Rouen, Francia; Óleo Diana de Poitiers o Dama en el baño, 1571, de François Clouet, Galería Nacional de Washington, EEUU; Detalles -tres- de Gabrielle d'Estrées y una de sus hermanas, 1594, Escuela de Fontainebleau; Retrato de Margarita de Valois, Margarita de Navarra, 1572, François Clouet; Retrato de Enrique IV de Francia con armadura, 1610, del pintor flamenco Frans Pourbus el joven, Museo del Louvre, París.)

4 comentarios:

PACO HIDALGO dijo...

Soberbio post sobre la monarquía autoritaria francesa del XVI y la escuela pictórica de palacio, en especial, los pintores de Fointenebleau y Clouet.
Aprovecho, Alejandro, para desearte un feliz año nuevo y que los hados te sean muy propicios en este duro año que nos queda por delante. Abrazos.

Arteparnasomanía dijo...

Lo mismo te deseo Paco, que los hados, los dioses, las musas, la inspiración o lo que sea aporten a cada uno lo que necesite. Y el Arte nos ayude a comprenderlo...

Un abrazo.

elpresley dijo...

Muy entretenida tu entrada sobre la Escuela de Fontainebleau y en especial sobre ese cuadro misterioso de las hermanas d'Estrées.

La historia, como sabrás, todavia da más de si se contemplan las hipótesis que afirman que Gabrielle murió envenenada a manos de un rico banquero llamado Zamet en cuya casa se había alojado o las de los que dicen que fue a causa de un acto de brujería.

Encantado de leerte. Un abrazo.

Arteparnasomanía dijo...

Si, muchas leyendas hay sobre los motivos. Pero, como en los casos de investigación criminal, siempre hay que preguntarse ¿es necesario este atentado, a quién beneficia realmente? Se decía que los intereses florentinos (los Médicis querían gobernar en Francia)conspiraron para que el rey francés no se casara con su amante. Pero éste ya había concertado su matrimonio con María de Médicis antes de que Gabrielle muriese de parto, algo por otra parte muy habitual entonces.

Gracias. Un abrazo.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...