19 de noviembre de 2013

El sentido más universal del mundo concebido entre un erotismo y una elegía.



El poeta irlandés William Butler Yeats (1865-1939) publicaría en el año 1924 su famoso soneto Leda y el Cisne. En él describe la seducción del dios Zeus a la hermosa ninfa Leda. Cuando esta bella griega caminara una vez junto al río Eurotas se le presenta de repente un grandioso, armonioso y hermoso cisne blanco. Éste ahora muy sagaz se le acerca temeroso, aduciendo que una terrible águila le persigue sin piedad. Así que la confiada Leda le acaba ahora ofreciendo toda su tierna compasión. De ese modo le deja sentir ella a él la maravillosa calidez de su cuerpo. Hábilmente Zeus termina por seducirla con su tierna apariencia inofensiva, absolutamente insidiosa. Trataría siempre el poeta Yeats de encontrar una respuesta mitológica a los grandes problemas del mundo. En este poema compendia una visión global que del mundo tuviera el poeta, una visión más histórica y social que íntima y personal. Lo resumiría una vez el poeta irlandés con una frase alegórica: Todo acabará irremediablemente perdiéndose ante el engaño, la insidia y la violencia... (Se refería a la pérdida de Irlanda por Gran Bretaña en parte ocasionada por aquellos difíciles y duros años de mala convivencia.)

De pronto un golpe: las
alas se agitan aún
sobre la mujer temblando,
acarician sus muslos
las palmas oscuras, su nuca
que el pico sujeta,
él firme estrecha el pecho
contra el pecho.
¿Cómo podrían los dedos
aterrados, débiles,
alejar a esta gloria
emplumada de sus muslos
entreabiertos?
¿Y cómo puede el cuerpo,
enfrentado a ese blanco torrente
no sentir contra su pecho
los latidos de su extraño corazón?
Un estremecimiento en las
entrañas y se engendran
el muro echado abajo, el
techo y torre ardiendo,
y Agamenón muerto.
Atrapada
y dominada por la sangre
salvaje del aire,
¿habrá ella recibido, además
de su fuerza,
cierto saber antes que el dios,
satisfecho, la dejara caer?

Leda y el Cisne, del poeta William Butner Yeats, 1924.

Los pintores desde el Renacimiento -Leonardo y Miguel Ángel- habían tratado de combinar la imagen de la inocente Leda con la del seductor Cisne-dios. Su representación iconográfica no podía entonces dejar de connotar una erótica manifiesta ahora en la sinuosa forma del ave, ésta falsamente candorosa. Su blancura, su cuello alargado, su plumaje sedoso y abultado serían rasgos que connotarían cierta simbología sexual. Los creadores lo sabrían y llegarían a eternizarlo de alguna u otra forma en sus lienzos. Pero, claro, siempre y cuando su sutileza y habilidad lo permitieran artísticamente. Sin embargo, la figura tan seductora del cisne, su alarde zoofílico, no permitieron que esas representaciones fueran muy aceptadas entonces, a menos que las imágenes no dejaran traslucir demasiado ese evidente sentido sexual. Miguel Ángel crea en el año 1530 un boceto de su mano que otros creadores después que él vieron como la más sutil, bella, armoniosa o grandiosa forma de representarlo. Así es como Miguel Ángel compuso la más extraordinaria y bella forma de representar una escena tan insinuante. Y el gran Rubens (su taller propiamente) compone además en el año 1599 su obra Leda y el Cisne con esa misma representación manierista, en homenaje al insigne maestro florentino. Otros también lo harían o lo intentarían. Pero la historia del Arte no conseguiría que prosperara esa visión insinuante más allá de la belleza conseguida de Miguel Ángel, la visión que éste hiciera con aquella representación sexual tan eróticamente exquisita y sublime. Es decir, con esa forma de crear que sólo tienen los grandes para poder obtener, a la vez, belleza y claridad, y conseguir así mensaje erótico y aceptación artística. ¿Se pudo conseguir hacer después lo mismo? No, nunca. En otras obras de ese mismo mito se observa a la bella mujer alejada del cisne -un símbolo sagrado entre lo humano y lo divino- o sólo tocando ella tiernamente parte del cisne -un alarde insinuado-, o, a cambio, se ve una burda forma de combinar lo explícito con lo mitológico, es decir, de realizar una obra sexualmente impactante -a veces artística- para llegar a decir, con dentelladas, lo que pudo ser dicho antes con calma.

Porque el mito sí pudo mostrar lo que era aquello. La mitología lo relataba así y lo pudo exhibir así de esa forma tan explícita. Porque fue el deseo más desaforado lo que llevaría al dios a transformarse en un sensual cisne blanco. Porque fue el engaño lo que le llevaría hasta Leda para obtener una satisfacción sexual. Así, como la vida misma; así, como la misma historia de siempre. Luego, aquella unión inapropiada llevaría a producir las consecuencias más funestas en su descendencia -así lo cuenta la leyenda-. Según el mito Leda concebiría dos huevos, uno de su esposo y otro de su amante-ave. De uno nacería Clitemnestra -esposa adúltera y asesina-, del otro Helena -amante propicia para una guerra-. Ambas provocarán el mayor desastre y causarán el más desafortunado trance -carente de sabiduría- que acabaría con las vidas de los troyanos como del griego que a ellos se enfrentara -Agamenón-. Y este es el sentido que el poeta quiso expresar en su verso modernista: que las intenciones engañosas, aunque apasionadas y justificadas, terminan siempre contra quienes las crean -el poeta hacía referencia a la independencia de Irlanda frente a las cariñosas insinuaciones históricas de Gran Bretaña-. Tan sólo el Arte -la poesía y la pintura- conseguirá con sus obras maestras trasladar el sentido más terrenal, pasional, visceral o escatológico al más alto, bello o más sublime sentido universal, ese sentido ahora tan comprensible y aceptable por ser, además, tan reconocible.

(Obra Leda y el Cisne, después de Miguel Ángel, autor desconocido, siglo XVI, National Gallery, Londres; Óleo de Rubens, Leda y el Cisne, 1599, Galería de Pinturas de Dresde, Alemania; Cuadro del pintor simbolista Gustave Moreau, Leda y el Cisne, 1865; Escultura griega Leda y el Cisne, siglo I a.C., escuela ática, Museo Arqueológico de Venecia; Lienzo Leda y el Cisne, 1660, del pintor barroco Pier Francesco Mola, National Gallery; Obra Leda y el Cisne, 1886, del pintor Johann Hofman, Melbourne; Óleo Leda y el Cisne, 1560, Paolo Veronese, Museo Fesch, Ajaccio, Córcega; Obra Leda con el cisne y los niños, 1544, del pintor manierista Vincent Sellaer; Boceto de una obra desaparecida de Miguel Ángel, Leda y el Cisne, 1530; Grabado con una obra del pintor renacentista italiano Jacopo Ripanda, Leda y el Cisne, siglo XVI.)

1 comentario:

lur jo dijo...

Yo también me decanto sin duda alguna por la representación de Miguel Ángel, por elegancia y belleza al representar un tema tan complejo.

Un abrazo.

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