1 de mayo de 2010

Un castillo con Ángel, un emperador, una epidemia, un papa, su víctima y un pintor.



El emperador romano Adriano (Itálica, España, 76-Campania, Italia, 138) gobernaría sobre el inmenso imperio que aglutinase todo el orbe clásico alrededor del mar Mediterráneo. Sobrino del gran emperador Trajano, heredó el trono sólo momentos antes de morir éste, cuando la emperatriz Pompeya Plocina le aconsejara a su moribundo esposo la idoneidad de nombrar a Adriano. En el año 135, tres años antes de morir, ordenaría Adriano construir su propio mausoleo en Roma, terminado cuatro años después por el emperador siguiente Antonino Pío. La majestuosidad de la obra culminaba en lo alto del magno edificio con una gran cuádriga tallada en bronce y guiada por el propio emperador. Aquí, en este impresionante edificio romano, sería enterrado el emperador Adriano. Pero un siglo después su uso fue cambiado por el césar Aureliano (214-275), que lo transformaría ahora en un baluarte defensivo para proteger la ciudad eterna de posibles invasiones futuras, algo que, sin embargo, no se evitaría en la historia posterior.

Con los años llegaría el cristianismo y, durante el siglo VI, hubo una fuerte epidemia de peste bubónica en la ciudad de Roma. En noviembre del año 589 el río Tíber se desbordaría además, provocando el derrumbamiento de varios edificios, entre ellos los almacenes de cereales de la Iglesia, unos grandes silos que contenían las reservas para alimentar a Roma durante el siguiente invierno. La peste fue devastadora con la población ese fin de año 589. El propio papa de entonces, Pelagio II (579-590), fallecería víctima de la enfermedad. Coincidió entonces que la epidemia dejaría de ser mortífera al año siguiente, cuando el próximo papa Gregorio I había celebrado, casualmente, solemnes letanías para mitigarla. Aun así el mal se extendió por todo el norte de Italia. Pero, sin embargo, Roma se salvaría.

Gregorio I (590-604) creyó entonces ver en lo alto del antiguo mausoleo de Adriano, en aquellos años un castillo-fortaleza alto medieval, la imagen del arcángel San Miguel desenvainando su espada poderosa. Un signo providencial para aquel pontífice del fin de la agonía y de la salvación de Roma de la peste. En conmemoración de ese hecho un gran ángel coronaría desde entonces el grandioso castillo, pasándose a llamar ahora Castillo de San Ángelo. El edificio ha estado ligado a la Iglesia tanto por su ubicación, muy cercana al Vaticano, como por haber sido un eficaz refugio de los papas... Así, por ejemplo, sucedería con el pontífice Clemente VII (1523-1534) durante el saqueo de Roma por las tropas del emperador Carlos V en el año 1527, cuando tuvo que hacer uso de la protección de sus muros para resguardarse en él. Otro papa, Clemente VIII (1592-1605), lo haría tristemente famoso por mandar ajusticiar a toda la familia romana Censi en el puente del Castillo de San Ángelo un 11 de septiembre del año 1599.

Beatrice Censi era hija de un temperamental y muy violento aristócrata romano de finales del siglo XVI. Tan desalmado era que llegaría a tener relaciones incestuosas con su propia hija. Después de alertar a las autoridades del ofensivo comportamiento paterno, y viendo la familia el inútil sentido de la denuncia, decidieron entonces asesinarle. Arrojaron el cuerpo herido mortalmente por un balcón de la casa para que pareciese un accidente, pero entonces nadie les creyó. Desestimando todos los argumentos de la familia, el propio papa acabaría cumpliendo su justicia y mandaría decapitar a Beatrice Censi.

Las propiedades de la familia Censi fueron confiscadas por la Iglesia, y Beatrice Censi pasaría, sin haberlo querido el propio papa así, a ser todo un símbolo de liberación para los ciudadanos de Roma, un ejemplo de resistencia y honestidad frente a la altiva y cínica aristocracia. Desde entonces una leyenda se crearía en la ciudad Eterna: todos los años, la medianoche antes del día de su decapitación, se aparecería en el puente del Castillo de San Ángelo la joven Beatrice Censi, pero, ahora, sosteniendo ella entre sus manos su propia decapitada cabeza.

El pintor italiano Guido Reni (Bolonia, 1575-1642) perteneció a la exitosa y efímera Escuela de pintura Boloñesa del famoso pintor Annibale Carracci. A él se le atribuye haber realizado el cuadro Retrato de Beatrice Censi, actualmente en la Gallería Nazionale d'Arte Antica de Roma. También se le atribuye el cuadro Arcángel San Miguel, aquel ángel del señor que viese Gregorio I enarbolando su espada contra la peste, y que sustituyó al gran emperador romano en lo alto del Castillo romano. Fue pintado para una iglesia de Roma a principios del siglo XVII por el genial Guido Reni.

El Arte, como la historia, la vida y sus milagros, son parte a veces de alguna trama personal que utilizarán por un lado los crédulos para defender ahora sus propias pasiones, y por otro los escépticos para argumentar sus razones. Pero las historias -legendarias o no- seguirán siendo una de las mejores y más fascinantes composiciones realizadas por ser humano alguno para ser oídas o leídas siempre. Sea éste un homenaje a las mismas, y al Arte que, luego, las mantendrá eternas, bellas y poderosas...

(Imagen del Castillo de San Ángelo con su puente, y del Castillo de San Ángelo de frente, Roma, Italia; Imagen del emperador romano Adriano; Cuadro Arcángel San Miguel, de Guido Reni, iglesia de los Capuchinos, Roma; Magnífica obra de Goya, Retrato del papa Gregorio I el magno; Óleo de Beatrice Censi, y Autorretrato, ambas obras del pintor Guido Reni.)

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