22 de septiembre de 2010

Dos artistas unidos por la Paz en casi trescientos años: un gran pintor y un gran director.





En un año aproximado al que nació el rey español Carlos II (1661-1700), gran mecenas del artista, se cree que el pintor napolitano Luca Giordano (1634-1705) compuso su extraordinaria obra Rubens pintando la Alegoría de la Paz. El cuadro es un homenaje al gran pintor flamenco Pedro Pablo Rubens, el cual aparece dentro del lienzo pintando la misma escena desde su punto de vista. Pero, sobre todo, la obra es un gran homenaje a la Paz. Europa había acabado de padecer una de sus más devastadoras guerras, la de los Treinta años (1618-1648). En este gran lienzo, el maestro Luca Giordano coloca ahora a la diosa Venus, que aquí simboliza la Paz, rechazando con su mano firme a Marte, el dios mitológico de la Guerra... y a la vez su propio amante.

En el gesto de los dos dioses-amantes el pintor expresa así la contradicción y la complementación de ambos conceptos representados: la Paz y la Guerra. Se aprecian en el cuadro además los objetos que la guerra destruirá, y que Venus tratará de proteger: las Artes, el Comercio, la Ciencia. Al fondo del cuadro los cañones apenas dejan vislumbrar la figura de la destrucción (el Furor), que, desatando las cadenas de su horror, inevitablemente acabará por triunfar en el mundo.

Luca Giordano fue un artista que, aunque logró el éxito en su época, no obtuvo un merecido reconocimiento posterior en la Historia del Arte. Quizá fue esto por ser él un eficaz copista de otros grandes maestros, o, también,  por su gran facilidad y rapidez a la hora de terminar las composiciones que realizaba. La realidad es que no ha sido muy valorado, a pesar de haber sido uno de los más grandes pintores de su época, final del Barroco. En esta magnífica obra pictórica,  Alegoría de la Paz, se puede apreciar su gran talento para componer un conjunto tan complejo como hermoso, tan misterioso como equilibrado: una maravillosa obra de Arte.

En el año 1957 otro artista, esta vez poco valorado en vida pero que ha pasado a la historia del cine como un gran maestro, Stanley Kubrick (1928-1999), realizaría otra alegoría de la paz, pero, en esta ocasión, se inspiraría en la Primera Guerra Mundial (1914-1918). La película Senderos de Gloria no pudo producirse ni en los EEUU ni en la Francia siquiera de entonces, tuviendo que filmarse, curiosamente, en Alemania. Sin embargo sólo se estrenaría en los Estados Unidos, no pudiéndose estrenar en Europa por las heridas que levantaba aún en los paises contendientes aliados. Sólo hasta casi veinte años después, en 1975, no se acabó proyectando en Francia, y hasta casi treinta años después no pudo verse, por fin, en España. Pero, a pesar de todo, obtuvo Kubrick otra gran obra de Arte como el pintor Giordano: misteriosa, grandiosa, hermosa, emotiva y auténtica.

Dos creadores unidos por sus obras de loa a la Paz, dos autores que padecieron la guerra y sus efectos y que, con lo que cada uno mejor sabría hacer, consiguieron evidenciar así la gran contradicción del ser humano y de su mundo: los conflictos inevitables y su inevitable absurdidad, las razones para preservar la Paz y la miseria más aberrante e inhumana en las consecuencias de su antagónica realidad, la Guerra.

(Imagen del cuadro Rubens pintando la alegoría de la Paz, de Luca Giordano, 1660, Museo del Prado; Autorretrato de Luca Giordano; Cartel de la película de 1957 Senderos de Gloria, de Stanley Kubrick; Fotografías del director Stanley Kubrick.)

Vídeos de la película Senderos de Gloria, 1957:

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