6 de diciembre de 2010

El escenario en acción, la obra de un gran creador o las escenas más dinámicas del Arte.






La representación de movimiento en las imágenes fue una de las fuentes de inspiración para recrear escenas muy dramáticas en el Arte. Algo que la literatura mitológica habría sabido justificar con sus leyendas tan desgarradoras. Un extraordinario representante de esas creaciones artísticas dinámicas lo fue el gran pintor flamenco Pedro Pablo Rubens (1577-1640). En el año 2002 se llegaría a vender en la casa de subastas Sotheby's de Londres una de sus obras, La matanza de los inocentes, un óleo compuesto por el pintor barroco hacia el año 1610. Se había llevado este lienzo, sin embargo, casi tres siglos oculto en una colección austríaca. Atribuido desde el siglo XVIII a uno de los alumnos del genial pintor flamenco, fue donada en el año 1923 a un monasterio del norte de Austria sin saberse aún su verdadera autoría. Pero, un año antes de la subasta, un experto en Arte confirmaría su verdadero creador. La obra conseguiría subastarse entonces por una de las cantidades más exorbitadas (cerca de 77 millones de euros) que un óleo del Barroco haya obtenido jamás.

Se caracterizó Rubens por ser un maestro en escenas de alto contenido erótico y brutal. La mitología le ayudaría a plasmar esas historias llenas de fuerza, pasión y dominio. Los raptos de Rubens han pasado a la Historia del Arte como los mejores representados por un pintor nunca. Aquí he querido glosar un lienzo que por su energía sobrecogedora e impactante, muestra de rostros alarmados, sorprendidos, aterrados o sufridos, tiene un atrayente dinamismo -cinematográfico incluso- y dispone además de una extraordinaria, bella y magnífica composición: El Rapto de Hipodamía. Este cuadro creado en 1637 por Rubens nos presenta la escena principal del rapto de la hermosa Hipodamía durante la celebración de su boda con Pirítoo, rey mitológico de los lápitas. Los centauros, emparentados con los lápitas, fueron invitados también a la boda; pero éstos, que representaban con su dualidad hombre-bestia las cualidades más brutales de los hombres, decidieron entonces raptarla a ella bruscamente.

Gracias a la intervención inesperada del héroe Teseo -amigo de Pirítoo-, que ahora como un afortunado resorte se abalanza decidido y temerario hacia la raptada, se conseguiría evitar la tragedia sobrevenida. Simboliza esta obra la lucha, el antagonismo entre los instintos más bajos y bestiales de los hombres por un lado, y su noble y virtuosa naturaleza, civilizada y racional por otro. Pero, sobre todo, lo que el célebre pintor flamenco consigue reflejar aquí son los segundos dramáticos del conflicto espontáneo: ¡pero es sólo ese momento!, el cual hace, además, que la decisión impulsiva del héroe-protagonista nos impresione extraordinariamente. El autor debe elegir entonces cuál es ese momento, es decir, el único momento válido en toda la secuencia del rapto para fijarlo eterno en el lienzo. El antes o el después de ese momento no es capaz, siquiera, de llegar a alcanzar un mínimo de grandiosidad artística. Sólo lo es ese momento. Y es entonces el creador el que, con su sutil y brillante genialidad, lo detendrá así, ahora, inmortal, lúcido y bello, para siempre.

(Obra del pintor Pedro Pablo Rubens, El Rapto de Hipodamía, 1637, Museo del Prado, Madrid; Óleo de Rubens La matanza de los inocentes, particular; Cuadro de Rubens, El rapto de Proserpina, Prado, 1637; Obras de Rubens: La caza del tigre, Museo de Rennes, Francia, y La caza del León, 1621, Munich; El rapto de la Sabinas, de Nicolás Poussin, y El Rapto de las Sabinas, de David, ambos en el Museo del Louvre, París; Cuadro de Rubens, Rubens con su mujer Helena Fourment y su hijo Pedro Pablo, Museo Metropolitan de Nueva York.)

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