15 de diciembre de 2010

La esencia de lo más humano, su representación en el Arte o la vanidad.



Todos los creadores del Arte han podido retratarse a sí mismos con la facilidad que su propio genio, además, le hubiese permitido hacer. Muchos no lo hicieron una vez, sino decenas de veces. Es ahora la vanidad... La mayor de ellas, la que se consigue describiéndose a sí mismos con su propio Arte, ya que ahora no sólo se valora artísticamente el cómo ellos lo han hecho, sino que, también, eternizan así -vanidosamente- su propia imagen en una obra pictórica auto-representada.

La vanidad como símbolo frágil y caduco de la vida, ha sido motivo de muchas obras a lo largo de la historia del Arte. El pintor holandés David Bailly (1584-1657) llegaría incluso a compartir ambas cosas, especialmente. Quiso representar la vanidad consigo mismo... y se autorretrató dos veces en su propio lienzo con una originalidad extraordinaria. En el año 1651, con sesenta y seis años, se dibujaría a sí mismo con casi cuarenta años menos en un ambiente ahora muy simbólico, característico de la futilidad de las cosas, de la vida y del paso de ésta. Eso sí, mostrando ahora a su vez su propio retrato, contemporáneo a la obra, y en sus manos el que fuera él mismo cuarenta años antes.

El ser humano sólo es vanidad... o locura. Ni siquiera la Razón se salva de la vanidad, todo lo contrario, ésta es una de sus muchas manifestaciones. Pero es que hasta la emoción espiritual, la creación más excelsa de lo trascendente, el misticismo, tampoco se salvará... ¿O acaso el eximio poeta místico Juan de la Cruz no sentiría alguna vanidad al dejar su obra escrita para ser apreciada y leída por siempre? Todo es vanidad. Porque la alternativa sólo será, a veces, la locura..., o la elogiosa y útil del famoso escritor Erasmo de Rotterdam (1466-1535), o la espantosa y alienante que haga infantil a quien la posea. Pero, es que hasta en la actitud del recién nacido, con su llanto acuciante o con su sonrisa taimada, se sugiere también algo de vanidad. Porque es así como el bebé pedirá ahora que se le ame, que se le tenga en cuenta, que se le proteja o se le adule. Por eso mismo la vanidad es, realmente, una esencia fundamental de lo que somos, algo que no podemos evitar ni sustituir en nuestras vidas, salvo ahora -quizás- por una inteligente, elogiosa o pueril locura.

(Cuadro Vanitas, del pintor francés Simón Renard de Saint-André (1613-1677); Óleo Vanitas del artista norteamericano actual Poly, Galería Sarah Bain, EEUU; Autorretratos de grandes creadores: Tiziano; Velázquez; Rembrandt; David; Goya; Böcklin; Leighton; Delacroix; Vernet; van Gogh; Renoir; Picasso; Dalí; Frida Kahlo; Andy Warhol; Cuadro Autorretratos con los símbolos de la Vanitas, del pintor David Bailly.)

2 comentarios:

PACO HIDALGO dijo...

La vanidad es algo innato en el artista, es más, creo que el artista debe ser un ególatra. Sensacional post, como siempre. Aprovecho para saludarte y desearte lo mejor en estas fiestas, así como un espléndido año nuevo. Un cordial saludo desde ArteTorreherberos.

Arteparnasomanía dijo...

Y en todos los humanos además, aunque es cierto que a mayor creatividad más vanidad. Y, tal vez, sea precisa, como dices. Felicidades para ti también. Saludos prósperos.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...