5 de enero de 2011

La afrenta más romántica: el duelo, sus obsesiones y su inevitable solución.






El duelo, o enfrentamiento entre caballeros por una cuestión de honor, fue una práctica que comenzaría realmente a partir del siglo XV y duraría hasta casi finales del romántico siglo XIX. No tenía nada que ver con los legendarios torneos medievales, ya que éstos eran motivados por grandes causas bélicas o por los llamados juicios de Dios; pero para nada motivados por asuntos o enfrentamientos personales. Los duelos se caracterizaban por tratar de resarcir casi siempre el honor personal del agraviado. No se pretendía asesinar al ofensor sino aceptar el reto de morir... antes de humillarse ante la afrenta. Muchos podrían llegar a ser los motivos. Comenzaron éstos por tratar de defender la dignidad del ofendido en asuntos personales de cualquier causa. Pero, sobre todo, a partir del advenimiento del Romanticismo empezaron a ser los lances amorosos los hechos más justificados para retar a un posible ofensor.

El gran compositor ruso Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893) crearía en el año 1879 la música sinfónica para la famosa ópera rusa Eugene Oneguin. Basada en la novela del mismo nombre que el gran poeta ruso Aleksandr Pushkin (1799-1837) escribiese en el año 1831. Cuenta la historia del atractivo Eugene Oneguin, un vividor y seductor ruso de aquellos años románticos del siglo XIX, y de Vladimir Lenski, un bohemio y joven poeta prometido a una hermosa y bella dama rusa. Ambos se harán muy amigos y una tarde Lenski invita a Eugene Oneguin a conocer a Olga, su hermosa joven prometida. Con ella convive su hermana Tatiana, una mujer melancólica e impresionable, todo lo contrario de Olga, una mujer alegre, optimista y divertida.

Tatiana se enamora rápidamente de Eugene Oneguin. Acaba ella escribiéndole una carta declarándole su amor. Pero Oneguin no está interesado en Tatiana sino en su comprometida hermana Olga. Le expresa a ésta Oneguin, incluso públicamente, su impulsivo amor a ella. Así que ahora Lenski, ofendido, se ve obligado a batirse con su amigo en un duelo mortal, enfrentamiento donde Oneguin acaba matando fatídicamente a Lenski. Entonces Eugene Oneguin, abatido por completo, comprendiendo ahora su cruel y maldito destino, decide alejarse de todo marchándose a un largo, olvidado y expiado viaje alrededor del mundo.

Muchos años después, de regreso a San Petersburgo Oneguin es invitado a uno de los bailes del príncipe Gremin. En el saludo protocolario de la recepción, éste le presenta a su amada y bella esposa. La sorpresa de Eugene Oneguin es enorme al comprobar ahora que la bella princesa era su entonces despechada Tatiana... En ese momento comprende él que es a ella a la que ama realmente, que siempre habría estado, sin saberlo, enamorado de ella. Pero Tatiana ya no desea lo mismo que entonces..., a pesar incluso de reconocer ella poder amarlo todavía. Él, sintiéndose derrotado ahora, se marcha para siempre a los confines del mundo acabando sus días resentido, amargado, triste y solitario.

Pushkin conocería a la joven Natascha Goncharova en el año 1830. Ella era por entonces una de las mujeres más hermosas de Moscú. Natascha le rechaza aquel año, pero, al año siguiente, acaba él por fin consiguiendo su amor y su mano. Años después un militar francés, Georges d'Anthés, intenta descaradamente cortejar a Natascha, la bella esposa de Aleksandr Pushkin. Inevitablemente acaba retándose en un duelo con el poeta Pushkin. Un duelo donde le manipularían fatalmente el arma al escritor ruso. El más grande poeta ruso terminaría falleciendo un 29 de enero de 1837. Su colega y amigo el poeta y pintor Lérmontov trataría durante años hacerle justicia, incluso escribiéndole al mismísimo Zar ruso. Pero todo fue inútil. Sólo pudo hacer Lérmontov aquello para lo que él estaba preparado: escribir la poesía Muerte del Poeta en homenaje a su lírico y asesinado amigo. Estos versos son un pequeño fragmento de aquella obra:

Y entonces será inútil acercarse a la maledicencia:
Esta vez no los protegerá.
¡Con sus oscuras sangres no podrán lavar
la sangre cristalina del poeta!

Curiosamente el poeta ruso Mijaíl Lérmontov (1814-1841) acabaría sus días abatido también en un duelo, aunque en este caso por un motivo mucho más prosaico y ridículo que el de Pushkin. Un oficial del mismo ejercito ruso al que Mijaíl pertenecía se sintió ofendido una vez por un comentario sarcástico del poeta. Éste decide entonces que se batiesen, incluso, al lado de un inclinado y mortal precipicio para así morir aunque sólo se saliese herido... La pasión de esos creadores románticos fue únicamente, si acaso, comparable a la de los mártires cristianos de la antigüedad. Salvo que, ahora, en estos casos, su dios -el de los seres románticos-, a diferencia del dios de los cristianos, sería sin embargo la más impulsiva, inevitable, arrebatadora, infinita o subyugante única manera de vivir y morir.

(Óleo Duelo de Oneguin y Lenski, del pintor ruso Iliá Repin (1844-1930); Cuadro del pintor francés Jean-Léon Gérôme, Duelo después de un baile de máscaras, 1857; Cuadro Pushkin, del pintor ruso Vasili Tropinin, 1827; Retrato del pintor y poeta Mijaíl Lérmontov, del pintor Piotr Zabolotsky, 1837; Cuadro del pintor francés Gérôme, Mujer circasiana velada; Retrato del compositor ruso Chaikovski, del pintor ruso Nikolai Kusnetsov, 1893; Retrato de Natascha Pushkina, la esposa de Pushkin, obra del pintor Brulov; Óleo Tiflis, del pintor y poeta Lérmontov, 1837.)

Vídeo de la película Onegin, de 1998:

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