11 de diciembre de 2012

El expresionismo triste de la danza o la plasticidad corporal de la música.



El mundo se transformaría extraordinariamente hace cien años: la aviación, el automovilismo, el cine, la danza, la música o la pintura; toda manifestación técnica y cultural humanas alcanzarían por entonces unos niveles y una personalidad no vistos nunca antes en la Historia. En el verano de 1889, en el norte de Alemania, tres pintores enardecidos por el cambio y el enfrentamiento con los cánones oficiales decidieron crear un lugar especial para poder crear: Worpswede. Rechazaban el academicismo rígido y clásico de sus antiguos maestros. Ahora, en plena Naturaleza, descubrirían un paisaje diferente y la libertad más completa con una vida feraz y desenvuelta. Imitarían aquí lo que en Francia había llevado ya el pintor Pierre Rousseau (1812-1867) y su Escuela de Barbizon.

Creadoras en esa zona de Alemania surgirían también a finales del siglo XIX. Fue el caso de la pintora Paula Mondersohn-Becker (1876-1907) que se instalaría en 1897 en Worpswede, la colonia cercana a Bremen donde esos pioneros del Expresionismo comenzarían a revolucionar la forma de transmitir Arte. Esos artistas se dejarían influenciar hasta por el genial barroco Rembrandt, por postimpresionistas como Van Gogh, o por filósofos y poetas como Nietzsche y Rilke. Utilizarían los colores y las formas ahora de un modo simbólico, no real. Años después, el sur de Alemania vendría a ser el centro de esa transformación artística en el mundo. Y en Munich, por ejemplo, un grupo de pintores verían entonces en el azul y en los caballos los motivos principales de su inspiración.

Era la libertad más expresiva, la creación más impactante, la exteriorización de la introspección del creador, aquella forma nueva de expresar que se podía alcanzar ahora con un Arte. Fueron Kandinski, Marc, Klee, etc... Era lo espiritual del Arte..., lo que ahora desearían más que otra cosa subrayar. Y, con ese concepto espiritualista del mundo y del Arte, surgiría también la Danza de entonces, finales del siglo XIX. Esta expresión artística comenzaría incorporando la libertad expresiva a los movimientos del cuerpo y su coreografía. Se trataría ahora de comunicar lo que el interior del ser habría logrado reprimir durante años. Así que ahora la espontaneidad, la teatralidad, la liberalidad y la gestualidad marcarían el desarrollo artístico finisecular de la Danza.

Esos bailarines utilizarían los estilos, colores y formas que los pintores expresionistas estaban preconizando. Sus escenarios se llenarían además con esa estética remarcada de las obras pictóricas expresionistas. Multitud de pintores de entonces se dedicaron a decorar  los escenarios teatrales de aquellos atrevidos Ballets... Uno de aquellos bailarines  fue Alexander Sacharoff (1886-1963). Nacido en Ucrania, se educaría más tarde en París con clases de interpretación que derivarían en danza. En Munich comienza Sacharoff a bailar en pleno ambiente expresionista. Con Kandinski y con algunos compositores de música atrevidos crea el concepto de Arte sinestésico..., aquel que baila colores y aquel que dibuja movimientos rítmicos

En el año 1913 conoce a la bailarina alemana Clotilde Edle von der Planitz (1892-1974). De origen aristocrático, cambiaría su nombre por Clotilde von Derp para pasar ahora desconocida por el público. Se complementarían ambos tanto en sus danzas, que decidieron unir sus propias vidas. Sería una unión de conveniencia ya que la ambigüedad sexual de Alexander fue evidente durante toda su vida. Sus representaciones de baile causarían furor en un público anheloso de ver algo nunca antes visto... El expresionismo alcanzaría con este tipo de danza a romper todo formalismo corporal y de vestuario que existiera antes. El cuerpo se representaría ahora con sus formas naturales, transparentes o translúcidas...

Clotilde von Derp bailaría una vez la obra musical La tarde del Fauno, una representación que diera fama al más grande bailarín de entonces, el polaco Vaslav Nijinsky. En su novela Danzas Tristes (2002) el escritor uruguayo-venezolano Ugo Ulive hace decir al protagonista de su relato: , imagínate, la obra consagrada de Nijinsky, el más grande de todos... Yo no podía creer que se atreviese, y fui a verla lleno de escepticismo. Allí estaba ella, envuelta en una túnica transparente pintada con trazos rojos, como manchas de sangre; tenía entre sus manos una tela también rojiza que manejaba con sensualidad increíble... Porque de eso se trataba, de una inmensa masturbación pública, mucho más atrevida que la de Vaslav. Estaba la mayor parte del tiempo sentada en el suelo y se ondulaba, se retorcía, se arqueaba, jugaba con el trozo de tela hasta que lo arrojaba lejos y, separando las piernas, mostraba todo el esplendor de su cuerpo, se regodeaba en su propia belleza, poseída del amor por sí misma en un éxtasis de placer, en un trance que compartía con el espectador fingiendo no darse cuenta, o como quien da una limosna..., fue la obra maestra de Clotilde.

(Obra El sueño, 1912, del pintor del grupo expresionista El Jinete Azul, Franz Marc, Museo Thyssen Bornemisza, Madrid; Fotografía de los bailarines Clotilde y Alexander Sacharoff, 1913; Cuadro Ballet ruso, 1912, del expresionista August Macke; Retrato de Rainer María Rilke, 1906, de Paula Mondersohn-Becker; Retrato de Clara Rilke-Westhoff, 1905, de Paula Mondersohn-Becker; Óleo Alexander Sacharoff, 1909, de la pintora Marianne von Werefkin; Fotografía de principios de siglo XX, Clotilde von Derp -Clotilde Sacharoff-; Fotografía de Alexander Sacharoff y fotografía de Clotilde Sacharoff, principios siglo XX.)

2 comentarios:

PACO HIDALGO dijo...

Interesantísima entrada sobre el expresionismo alemán. No conocía la obra de Paula Mondersohn-Becker, pero me han gustado sus obras; indagaré más sobre ella. Un fuerte abrazo.

Arteparnasomanía dijo...

Gracias como siempre. Me alegro de haber contribuido a divulgarla. Un lujo siendo tu.

Un abrazo.

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