20 de diciembre de 2012

El momento del placer estético, el Arte conseguido y satisfecho, o la compulsa e irredenta creación.



Poseer el momento único, ese momento que proporciona el Arte cuando el creador contempla su obra perfecta, debe ser ahora la mejor y más conseguida obra del mundo. ¿Cómo saber entonces que es ésa...?, ¿cómo no pensar que podrá superarse en otra...? Y, si ya es esa obra, ¿por qué perseguir compulsivamente la creación permanentemente, la más sublime...? ¿Es que acaso no lo llega a ser nunca? Y, si lo fuera, ¿dónde está? A los creadores les debe suceder como a los otros seres, los mortales y normales, que los hay que sientan una honesta y sincera pulsión por obtener la creación que sea desde sensaciones placenteras auténticas, estética o éticamente plausibles. Pero los debe haber también que sólo sean genios naturales, es decir, que obedezcan así a una oscura, indiferente, irrefrenable e irremediable forma de crear.

Cuando a Rubens, el gran pintor flamenco, se le presentó la ocasión de componer la obra el Juicio mitológico de Paris, utilizaría de modelo a su esposa Helena Fourment, muchos años más joven que él, en un alarde ahora de belleza dominado tanto por su vida como por su arte. Creador abundante y genial, mantenía un taller donde sus alumnos contribuían a la prolífica obra del maestro. Aquí, en esta creación mitológica, su esposa Helena representará a la diosa Venus, un personaje que aquí apenas se cubrirá su cuerpo con un manto rojo. ¿Cuánto sentimiento de exquisitez absoluta y magnífica, de obra conseguida y jamás superada llegaría a sentir con esta creación el genial pintor flamenco?

Tanto crearía Goya que hasta muchas de sus obras han sido dudosas el adscribírselas a él; y otras, al contrario, han sido por fin devueltas a su autoría. Una de ellas lo fue La Lechera de Burdeos. Una creación que por entonces se había pensado que fuera debida no a él sino a Rosario Weiss Zorrilla (1814-1843), alumna y posible hija natural suya. Leocadia Zorrilla -esposa de Isidoro Weiss- había sido amante de Francisco de Goya y madre de Rosario. Tal semejanza de estilo tuvo Rosario Weiss con su padre que obras de Goya siguen aún siendo de dudosa titularidad entre ambos. En el caso del gran pintor aragonés su obra es fundamentalmente sentida, nada mercantil ni industrial ni calculada. ¿Conseguiría calmar Goya, en algún momento de su vida, aquella sensación tan compulsa de creación excelsa y única con alguna de sus realizaciones más perfectas?

El filósofo danés Sören Kierkegaard publicaría en el año 1845 su obra Estadios en el camino de la vida. Establecía este filósofo que el primero de ellos es el estadio estético para luego alcanzar el ético, y, posteriormente, el espiritual. Se comenzaría por un camino -el estético- y se acabaría en el último -el espiritual-, pero, al conseguir por fin éste, al llegar a ese final vital, no hay vuelta atrás, estaremos salvados. Sin embargo, no será tan fácil proseguir así luego en la propia vida... Porque el primero -el estadio estético- será la búsqueda inmediata del placer, la huida del dolor, y en él se apega el sujeto al momento. Si hubiese otra cosa aún más grandiosamente bella en el camino no dudará el sujeto en cambiar de pronto siguiendo ahora su nueva senda. Será por tanto ahora un ser que, en ese estadio, alcanzará a satisfacer su anhelo -o así él lo creerá- pero que, sin embargo, algo más tarde, de ese mismo anhelo -o camino seguido-, pronto se cansará. Es en este momento la desesperación más silenciosa la que sobrevendrá al ser. El placer, sin duda, se obtiene y se satisface pero, entonces, algo más tarde, éste acabará desvanecido para siempre.

¿Pudieron, por tanto, todos los creadores continuar así, por los estadios subsiguientes, sin desfallecer? ¿Podremos los seres -todos, los demás también, creadores excelsos o no- saborear sin rubor ni desasosiego lo alcanzado alguna vez como algo glorioso en nuestra vida para, a cambio, no volver a desear luego otra cosa más que la que ahora contemplamos? La vida no detendrá su argumento vital -sobrevivir- por nada nunca, y tampoco obligará a cambiar de guión a cada instante. Pero, si algo fue ya del todo extraordinario, ¿por qué volver a clamar al aire los fervientes sonidos anhelosos de una desesperada nueva forma ahora de obtenerlo? Porque, ¿qué cosa ahora extraña y maliciosa nos llevará así, una y otra y otra vez, a ello?

(Óleo de Rubens, El Juicio de Paris, 1639, Museo del Prado, Madrid; Cuadro de Goya, Magdalena Penitente, 1797; Óleo magnífico del genial pintor del Renacimiento Rafael Sanzio, Retrato de Bindo Altoviti, 1514, Galería Nacional de Arte, Washington, EEUU; Obra de Goya, La Lechera de Burdeos, 1827, Museo del Prado; Obra Una Manola, doña Leocadia Zorrilla, 1823, pintura mural de la Quinta del Sordo, pasado a lienzo, Museo del Prado; Obra Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma, 1806, del pintor neoclásico español Juan Antonio Ribera, Museo del Prado, Madrid; Óleo del pintor academicista francés Alexandre Cabanel, Cincinato recibe a senadores de Roma, 1851, este personaje de la historia de Roma -519,a.C.-439,a.C.- fue un patricio romano virtuosísimo y desinteresado, que entregó ya su sabiduría para salvar a Roma en sus conflictos políticos y bélicos, en su honor una ciudad norteamericana llevará su nombre, Cincinnati, Ohio, EEUU.)

11 comentarios:

lur jo dijo...

Y el arte en numerosas ocasiones nos lleva a la felicidad. Yo he tenido el placer de alcanzarla durante el año en innumerables ocasiones de la mano de tu blog, aprendiendo y al mismo tiempo disfrutando.
Gracias por tu felicitación y mis mejores deseos para el próximo año.
Un abrazo.

Arteparnasomanía dijo...

Felicidades es un deseo abstracto, y todos los días es una ilusión. Pero el Arte en todas sus formas, también en ésta, nos ayuda siempre. Gracias a ti por hacerlo ver de vez en cuando.

Que 2013 sea algo más que un nuevo año.

Un abrazo.

elpresley dijo...

Estupenda la síntesis literaria y gráfica que nos das de esta mujer, genio olvidado y humillado.

Un abrazo y que pases unos días agradables en estas fechas navideñas.

elpresley dijo...

Creo que en el ARTE como en toda actividad del ser humano, hay algo que le mueve en la búsqueda de la perfección, de algo más que no se sabe que es pero que alimenta el motor que ha hecho que lleguemos hasta aquí aunque sepamos que esto es finito. Creo que esa es la grandeza del ser humano, seguir trabajando en una obra que, se sabe, no se podrá terminar.

Un abrazo.

Arteparnasomanía dijo...

Esa búsqueda es básica para la creación, para la vida y para el Hombre. Felicidades y un virtual y próspero 2013!

Un abrazo.

sacd@ dijo...

Siempre me he sentido incomodo en demostrar las emociones ante los humanos adultos.
Un abrazo no sé darlo aunque lo desearía. A lo largo de los años he mejorado.
Un abrazo.

Arteparnasomanía dijo...

El Arte obra maravillas... Un abrazo.

PACO HIDALGO dijo...

Impecable post, Alejandro; donde esté un buen Rubens... Te deseo lo mejor en estas fiestas y un año nuevo lleno de arte y creatividad. Abrazos.

Arteparnasomanía dijo...

Muchas gracias, Paco, lo impecable es Rubens... Felicidades y un 2013 inevitablemente mejor!

Un abrazo.

Pepe Becerra dijo...

La obra perfecta, al igual que la felicidad, es una utopía, una entelequia.
La felicidad terrenal estriba precisamente en recorrer el camino que nos lleva hacia ella. Cuanto más lejos lleguemos, más plenos nos sentiremos.
Un abrazo de tu compañero bloguero, y sin embargo amigo,

Pepe Becerra

Arteparnasomanía dijo...

El Arte es una forma de felicidad. La diferencia entre ambas es que ésta no es un fin de aquélla, sino una consecuencia. Lo que, sin duda, es además una tranquilidad.

Un abrazo amigo.

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