27 de septiembre de 2013

Obsesiones creativas, o la sensación de conseguir el Arte más sublime.



A casi todos los pintores de la historia les obsesionaría representar una escena fijada en su mente... Esa escena motivada ahora por dos posibles causas. Una por la de querer alcanzar la más perfecta obra de aquello que intuyera; otra, quizás la más probable, la de no poder evitar ya hacerlo, la de ser ahora verdaderamente una obsesión inevitable... Fue el caso del pintor Edgar Degas (1834-1917). Su compulsiva obsesión artística -probablemente reflejo de una personal- estuvo muy centrada en la mujer y en dos actividades para entonces muy femeninas: el baño y la danza. Aunque educado en la academia formal y clásica del dibujo más elaborado de su maestro Ingres, muy pronto comprendería Degas que la pintura debía evolucionar hacia la emoción instantánea que preconizara el Impresionismo. Sin embargo, Degas no fue un pintor impresionista. Su dedicación al Arte fue completa -gran escultor también-, y no pudo centrarse ni en un estilo, ni en una escuela, ni en una sola tendencia artística. Sustituyó la obsesión impresionista de Monet, por ejemplo, por la obsesión personalísima de querer pintar mujeres desnudas y enmarcadas en un baño..., o de bailarinas dedicadas ahora a ensayar su danza, o a esperar la lección o a sentir el descanso...

La danza alcanzaría su cénit más glorioso en París a mediados del siglo XIX. La ópera de París relumbraría por entonces con la música decadente de un tardío romanticismo oriental. Pero, es que no habría otra cosa que funcionara mejor en el público entonces: una historia legendaria de Oriente con una música vibrantemente sensual. La bailarina oficial de la Ópera parisiense de aquellos años, 1864-1875, fue la francesa Eugénie Fiocre (1845-1908). Ella representaría en el año 1866 a la principal bailarina de la famosa obra La Source, un ballet en tres actos con la música sublime de los famosos compositores Delibes y Minkus. Y en uno de los descansos de su representación entre bastidores, cuando ella se relajaba cerca de uno de los caballos de la ópera, el pintor Degas la plasmaría eterna en un lienzo en esa escena ahora tan singular. Porque es de ese modo como el creador francés buscaría siempre eternizar el momento: con la fugaz y desconocida imagen de lo que sucederá sin público. Porque para lo que ya ven los que asisten a la danza, no necesita ahora el pintor añadir nada. Él buscará otras situaciones, unos instantes diferentes en los que el observador pueda admirar ahora lo que, sin embargo, no vea ya en otros. 

Es por esto por lo que al pintor le obsesionaría tanto pintar a la mujer en los baños... ¿Dónde, si no, podríamos situar mejor a una modelo desnuda que en esos momentos, unos instantes ahora en los que se sentirá ella segura de no ser vista? Donde ella además debe estar forzosa y naturalmente desnuda. Y el creador buscará esos instantes y los reflejará luego desde las posiciones más elaboradas, más fascinantes, más difíciles de pintar...  Porque no es ahora la modelo aquí aquella prefijada e inmóvil de los estudios académicos de los artistas clásicos. No, ahora es el escenario natural, aquel escenario que los impresionistas defenderán siempre con su estilo novedoso. Y con el mismo sentido  estético también de lo que éstos tratarán de reflejar en sus momentos artísticos impresionistas. Pero, a diferencia de los impresionistas, Degas buscará los interiores, no el paisaje natural; buscará la esencia de lo humano más que otros posibles detalles. Esto lo hace incluso más postimpresionista que impresionista. Todo un alarde de virtuosismo artístico para entonces. Todo un gran creador. A pesar de su obsesión, a pesar de no haber podido evitar pintar casi siempre lo mismo. Esto, probablemente, lo limitó. Pero, sin embargo, siempre nos quedará su desmedida obsesión como una maravillosa forma de expresión, de emoción y de belleza.

(Todas obras de Degas: Después del baño, 1898, Museo de Orsay, París; Mujer secándose el pie, 1886, Museo de Orsay; Mujer en la bañera, 1886, EEUU; Mademoiselle Fiocre en el ballet La Source, 1868, Museo de Brooklyn, Nueva York; El Ensayo, 1874, Glasgow, Escocia; Fotografía de Eugénie Fiocre en la Ópera de París, 1864; Autorretrato de Degas, Degas en traje verde, 1856, Colección particular.)



2 comentarios:

lur jo dijo...

Quizás en su obsesión por pintar lo mismo, logró encontrar la manera, como tú bien dices, de buscar la esencia de lo humano.
Y aunque acotara su obra, consiguió mostrar en ella, lo que tantos otros autores ansían.
Precioso el vídeo.

Un abrazo.

Arteparnasomanía dijo...

Toda obsesión es una forma de limitación. Lo que pasa que en el Arte, si lo es, es maravillosa.

Abrazos.

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