26 de diciembre de 2013

Una obra misteriosa: la alegoría sacra de Bellini o la alegoría más oculta de un amor.



Giovanni Bellini (1433-1516) fue uno de los precursores más originales del Renacimiento italiano. Extraordinariamente sutil, apasionadamente veneciano -los colores de la escuela veneciana le delatan- y un longevo creador que viviría y crearía hasta los 83 años. Sus últimos años -a partir de 1480- fueron de una creatividad sublime y diferente, una creatividad donde combinaría el pintor incluso su devoción piadosa con un alarde más profano, algo que conseguiría alcanzar especialmente en alguna de sus obras, como hiciera en una de sus más enigmáticas representaciones, la Alegoría sacra o sagrada, una madera al temple llevada a cabo entre finales del siglo XV y principios del XVI. Pero si nos fijamos bien, ¿qué hay ahí de genuinamente sagrado? Es decir, ¿qué elementos expresamente sagrados o divinos, verdaderamente religiosos, se exaltarán en su obra renacentista? Algunas figuras representan personajes sagrados evidentes. Por ejemplo, la mujer sentada en un trono debe -sin duda- ser la madre de Jesús; los dos ancianos del fondo apoyados en el barandal son san Pablo -con su espada enarbolada a la lucha- y san Pedro, más sereno y meditabundo. A la derecha vemos dibujados dos personajes del santoral, uno más claro de adivinar por su juventud y sus flechas, san Sebastián; pero el otro, por su avanzada edad, podría elegirse ahora entre san Jerónimo o el bíblico Job. Este último quizá sea mejor el elegido por su semejanza en un retablo, pintado en 1487 por el mismo autor, donde está retratado ese bíblico personaje. Pero, en verdad, ¿qué más cosas sagradas vemos realmente ahí para tratarse la obra de una alegoría tan sacra?

Pero su belleza enigmática es similar a su belleza estética. La perspectiva, por ejemplo, la consigue el creador italiano más con matices de colores que con alardes geométricos del Renacimiento. Aunque también con una gran profundidad paisajística, visionada ahora desde la terraza donde se sitúan los sagrados personajes. Las baldosas geométricas remarcan la perspectiva y dibujan una gran cruz céntrica muy escorzada. Justo en ese centro un pequeño árbol termina siendo ascendido por un niño -el niño Jesús- que deja caer ahora manzanas que otros pequeños recogen. Símbolos, todos símbolos, que van desde la redención -el dios hecho niño devolverá la gloria perdida- hasta la representación misteriosa de ese mítico lugar -la metáfora de un purgatorio divino- donde ahora las almas pueden conseguir la redención. Aunque no se sabe con exactitud, el comitente -persona que encarga una obra de Arte- pudo ser la marquesa de Mantua, la bella mecenas renacentista Isabel del Este (1464-1539). Esta extraordinaria mujer se casaría muy joven -apenas dieciséis años- con el marqués de Mantua, Francesco II Gonzaga, un caballero valeroso e inteligente pero, al parecer, muy poco agraciado físicamente. A pesar de eso vivirían felices algún tiempo, entregado el uno a sus batallas y la otra a su mecenazgo artístico. Tanto se entregaría ella al Arte que apoyaría varios de los mejores creadores renacentistas. Uno de ellos lo fue el gran Leonardo, que dibujaría un retrato suyo de perfil al carboncillo en el año 1500, único retrato conocido de ella realizado por Leonardo da Vinci. Hasta que ha sido descubierto -en el año 2013- un semejante retrato de Isabel del Este, pero esta vez al óleo y oculto en una mansión suiza durante quinientos años.

Pero volvamos a la Alegoría sacra de Bellini. Vemos también otros personajes femeninos en esa sagrada terraza. Dos figuras de mujer, una arrodillada cerca de la Virgen -¿santa Catalina de Siena?- y otra de pie, más alejada. Pero, observemos bien, ¿adónde mira esta última, la más alejada de las dos mujeres? Justo su mirada parece terminar en los ojos del muchacho asaeteado por las flechas -san Sebastián, personaje que aquí también la mira-. La bella Isabel del Este fue una aristócrata renacentista muy cultivada, inteligente y discreta, pero, ¿pudo ella tener por entonces una pasión inconfesable y oculta? Su mecenazgo de Leonardo da Vinci fue conocido -como el de otros tantos creadores renacentistas-, y llegaría a ofrecerle ella incluso su protección cuando los franceses invadieron Milán -lugar donde por entonces estaba Leonardo-, aunque el pintor florentino se negaría a ello con lo cual no pudo terminar aquel retrato al carboncillo. Un retrato de ella que, al parecer, sí acabaría después en otra obra distinta -esta vez al óleo- tres años antes de morir. Pero, entonces, ¿es posible que el gran pintor Bellini, amigo de ambos, conocedor por tanto de ese amor imposible y secreto que ella tuviese, acabase ahora enigmáticamente inmortalizándolo en esta alegoría? ¿Un personaje -Isabel del Este- representado como la santa mujer desconocida y otro un atractivo joven -Leonardo da Vinci- como el admirado mártir Sebastián? Ante las diversas y posibles causas artísticas de algunas expresiones misteriosas representadas por los autores en sus obras, ¿qué podemos hacer ahora si no elucubrar a veces? Porque a quién se le ocurriría adivinar ese alarde misterioso por entonces. ¿Cómo y quién podría saber entonces nada de eso ni entender nada parecido en esa obra? Al parecer, tan sólo el creador y su mecenas. Sólo ambos lo sabrían y por eso la obra de Arte, una sagrada y profana alegoría, fue el mejor encuadre para expresar subliminalmente esa emoción oculta y silenciada. Una admiración personal matizada por el misterio artístico de un extraordinario instrumento: la iconográfica creación renacentista de una sacra alegoría.  

(Temple sobre madera de Giovanni Bellini, 1490 o 1505, Alegoría Sacra o Sagrada, Galería de los Uffizi, Florencia; Retrato de Isabel del Este, óleo sobre lienzo, 1516, Leonardo da Vinci, y dibujo al carboncillo, boceto de Isabel del Este, Museo del Louvre, 1500, Leonardo da Vinci.)

2 comentarios:

lur jo dijo...

Curiosa presunción la que quizás esconda dicha Alegoría Sacra. Todo un juego de complicidad, si así fuera, entre el autor y la susodicha aristócrata, camuflado en una obra de arte.

¡Cuántas historias entrañables se ocultaran tras muchas obras!.

Hermosa historia, un abrazo.



Arteparnasomanía dijo...

Imposible saberlo. Algunas inspiraciones seguirán ocultas tras la belleza de un asombro.

Un abrazo.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...