8 de septiembre de 2016

Un impresionismo perdido entre las contradicciones del Arte: Renoir o la belleza como sentido.



¿Destacar la impresión, canalizar la luz como fuente y motivo de una representación pictórica? ¿Expresar en un lienzo lo que quedará después de haber mirado un escenario natural... sin fijar la mirada en nada en concreto? Decididamente, Renoir (1841-1919) no fue exactamente un pintor impresionista. Vivió en el momento más impresionista, creció y se desarrolló con las mismas características artísticas que esa tendencia pictórica tuviese en el Arte. Pero, sin embargo, Auguste Renoir no dejaría en el fondo de haber querido vivir y crear en el Renacimiento o en el Barroco. Nació tarde, demasiado tarde, como para poder haber expresado la vida y el mundo como a él le habría gustado hacerlo. En una ocasión, diría el pintor francés: Para mí, un cuadro debe ser algo alegre y hermoso, , hermoso. Ya hay demasiadas cosas desagradables en la vida como para que nos inventemos más. En el año 1866 compone su obra Lise cosiendo. La influencia del pintor Manet en Renoir es decisiva, pero también lo fue la del pintor romántico Delacroix. Manet es un innovador, un barroco en el realismo preimpresionista de mediados del siglo XIX. Delacroix es la pasión, un manierista del romanticismo decimonónico más barroco... Todas estas cosas son elementos artísticos que atraerán al joven Renoir. Por eso cuando pinta a la bella modelo Lise están los dos grandes creadores franceses también ahí, Manet y Delacroix.

Pero, también está el Barroco y el Renacimiento. ¡Qué maravillosas cintas rojas esas en el cabello pintado de Lise! ¡Qué hermoso pendiente de coral rojo muestra aquí la hermosa joven modelo! Aún no se habría presentado formalmente el movimiento impresionista -lo hizo en el año 1870-, pero Renoir capta el momento retratado y sus colores delinean además parte de la figura de ella, son su propio cuerpo, sin distinción del tejido azul que la joven coserá ávida... El fondo es esbozado, con los trazos marrones y grises que anunciarán el desgarro impresionista más característico de esta tendencia. Pero, ¿y ella?, ¿y el rostro que individualizará el sentido más personal y humano de un ser representado, algo que no es exactamente impresionista? Aquí Renoir brillará, con una fuerza romántica, en el perfil modelado que atisba la belleza morena de la joven Lise. No hay Romanticismo si no hay gesto elogioso o emotivo, heroico y fugaz en un cuadro. Sus trazos, sin embargo, lo son, son románticos en el perfil del rostro de Lise, pero su gesto ahora aquí no es más que el gesto vulgar de una actividad cotidiana y doméstica vulgar. Aquí hay más bien Barroco, ese barroco de las obras de pintores holandeses como Vermeer y su obra Mujer de la perla. Y además está ahora el contraste de unos colores que no abundan mucho en las creaciones de Renoir, pero que son otro alarde del extraordinario creador que fue: el complicado maridaje artístico del gris con el azul.

Pero, da igual; el sentido de la imagen aquí es destacar ahora la belleza del perfil de Lise sobre todas las cosas. Y la cinta y el pendiente rojos adornarán esa belleza aún más en la obra. Cuando Renoir conoce a la joven Aline Charigot -su futura esposa- ni siquiera llegaría a saber él que la llegaría a amar tanto...  Antes de eso incluso la pintaría sin saber que era ella la que habría retratado en sus cuadros impresionistas. Porque la habría idealizado antes de conocerla. Así que, cuando la vió por vez primera no pudo evitarlo: debía pintarla y amarla...  Para el año 1883 Renoir la pintaría en su obra En la orilla del mar. Aquí sí, aquí el impresionismo del paisaje sí es ferozmente impresionista. Los colores revueltos y disgregados, combinados o mezclados, son los trazos enfermizos de una pasión impresionista. Pero, no es impresionismo del todo, sin embargo. No del todo, claro. Cómo destaca aquí el bello rostro de Aline, el perfecto y renacentista rostro de Aline en este cuadro impresionista. Porque, además, la belleza impactante de la mirada de la hermosa modelo no puede ser ahora impresionista... Es mejor pensar ahora en Manet y sus figuras impactantes que miran y seducen. Es mejor pensar en el Renacimiento provocando en la modelo, con su mirada enigmática, el hermoso contorno del rostro perfecto de una belleza sublime. Aquí el pintor se dejará llevar por el amor a su mujer o por el amor a su sentido artístico más desubicado. Contrasta las facciones hermosas de la modelo con el fugaz instante expresado. Ese mismo instante de la impresión primera que todo ojo creador impresionista debería plasmar en la obra completa para que sea un arte tan fugaz...  Pero, aquí no. Aquí Renoir nos lleva ahora a mirar antes que nada -o solamente- el rostro eternizado de Aline. En él no hay fugacidad, no hay instante, ni momento impresionista. La belleza de ella estará ahora permanentemente fijada para siempre ahí. Es ahora lo más sobresaliente, sin embargo, del feroz contraste del universo impresionista de uno de sus creadores más geniales... como incomprendido.

(Detalle del óleo En la orilla del mar, 1883, del pintor Pierre-Auguste Renoir, Museo Metropolitan; Óleo En la orilla del mar, 1883, Renoir, Metropolitan, Nueva York; Cuadro de Pierre-Auguste Renoir, Lise cosiendo, 1866, Museo de Bellas Artes de Dallas, EEUU.)

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