26 de noviembre de 2013

Las diversas simetrías en el Arte, sus desigualdades, sus semejanzas y sus matices.



El día dieciocho de marzo del año 1990 dos hombres vestidos de policía consiguieron robar, en un museo de Boston, trece valiosas pinturas de grandes artistas de la historia. El Isabella Stewart Gardner Museum fue creado por esta aficionada y coleccionista del siglo XIX norteamericano. Dedicaría Isabella Stewart Gardner gran parte de su fortuna a adquirir en Europa obras de Arte de Rembrandt, Vermeer, Degas... En su propia mansión americana acabaría creando uno de los más significativos museos del continente. Ese robo fue el más importante robo de obras maestras de Arte llevado a cabo en los Estados Unidos en toda su historia. A día de hoy, siguen todas desaparecidas. Una de esas obras maestras robadas, Tormenta en el mar de Galilea, es una muy elaborada y original creación artística del gran pintor barroco Rembrandt. Su composición, centrada e inclinada, formando así una de las diagonales más espléndidas del Arte, consigue hacernos elevar la vista desde las figuras humanas que luchan contra las olas, dirigirla luego por el mástil divisor de los dos triángulos compositivos de la obra, hasta alcanzar finalmente la bandera oscurecida de la punta. ¡Qué grandeza de composición! ¡Qué gran belleza sugerida! Qué maravilloso artificio -el mástil divisor- para separar así dos semblantes iconográficos: la mitad izquierda amenazada, donde las aguas bravas y el viento feroz se manifiestan aquí peligrosamente; y la otra mitad, donde ahora la figura serena de Jesús coronará la calma de ese lado menos brioso o más sosegado de la obra. 

Pero, siglos después de Rembrandt, otro pintor crearía una obra de Arte con un muy parecido alarde artístico de la obra barroca. Un creador sueco, el impresionista Anders Zorn (1860-1920), realizaría en el año 1904 su obra El violinista. Aquí la composición muestra también dos triángulos rectángulos, dos triágulos donde ahora la hipotenusa de ambos es aquí la vara de arco del escorzado violín retratado. Porque este violín, como la barca atormentada de Rembrandt de antes, se verá también ahora en un escorzo maravilloso. Porque aquí hay entonces varias semejanzas creativas, compositivas y artísticas, entre estas dos obras maestras del Arte. ¿Son las únicas semejanzas que existen entre las dos? No, hay otra más, aunque ésta es del todo diferente al Arte, para nada artística. Porque la obra impresionista de Zorn también fue... robada. Fue sustraída de la Galería Thielska de Estocolmo un veinte de junio del año 2000. Cuando el pintor postimpresionista francés Cézanne quiso encontrar su destino artístico, del cual dependería luego todo el Arte moderno, se obsesionaría por entonces con las figuras de bañistas. Nacido en la cálida costa azul francesa, en la mediterránea Aix-en-Provence, un lugar que le ofrecería el decorado perfecto para crear su nueva fantasía artística más transgresora. Porque había creado él años antes varias obras de esa misma temática bañista; volvería a crear otras obras parecidas incluso años más tarde, pero ahora marcando, sin embargo, una muy genial diferencia con el impresionismo triunfante, un movimiento éste -el Impresionismo- para Cezanne demasiado convencional y ya superado.

¿Cómo conseguir entonces ese impacto artístico que buscaría Cézanne tan diferente al Impresionismo? ¿Cómo conseguir esa nueva solidez creativa que desearía eternizar, a cambio, tanto en sus nuevas obras? Para eso compuso un lienzo nunca antes visto en la historia. Figuras ahora deslavazadas, casi amorfas, sin rostros apenas, desproporcionadas y feas. Situadas además sin orden, sin nada que les diera un contraste de figuras, de personas retratadas claramente. Están todas entremezcladas con el resto de las cosas, con una Naturaleza aquí del mismo modo transmutada. Muchos siglos antes, desde el Quattrocento italiano, aquel Renacimiento inicial de lo que vendría a ser luego lo más excelso en el Arte occidental, un pintor desconocido rompería en los primeros años del siglo XVI la serena y equilibrada forma de componer Arte. Entonces Sebastiano del Piombo lograría con su creación La muerte de Adonis una cierta semejanza artística con esa obra de Cézanne, de la cual el creador francés se inspirase probablemente. Porque en esta creación renacentista de del Piombo unas figuras clásicas y conformes a lo real se aglutinarán, sin embargo, en una parte del lienzo dejando el perfecto equilibrio clásico un poco mal configurado. Para entonces, para comienzos del siglo XVI, fue todo un alarde creativo e innovador como lo fuera luego, bastantes siglos después, la obra de su colega postimpresionista

Pero Cézanne no dejaría nunca de buscar la mejor forma de exponer sus principios creativos geométricos, esos principios artísticos que buscaría siempre el pintor en su esencia compositiva. Esos principios que, luego, aprovecharían otros creadores para avanzar en sus tendencias innovadoras, como lo fuera el Cubismo de Picasso, por ejemplo. Pero ahora Cézanne lo llegaría a conseguir con su revolucionaria obra Las grandes bañistas del año 1906. La misma forma de crear figuración de antes, sus mismas desproporcionadas formas anatómicas pero ahora, a cambio, todo un maravilloso equilibrio y toda una composición genial llevarían esa creación a ser una gran obra maestra del Arte. La triangulación de la imagen en esta obra de Cézanne está perfectamente conseguida. Los troncos de los árboles diseñan un gran triángulo isósceles con el suelo marrón apagado de las figuras. Luego éstos, los grupos de figuras humanas que se enfrentan a cada lado, configurarán a su vez otros dos pequeños triángulos... Y todo esto lograría un perfecto conjunto final, mucho más conseguido aquí que en todas sus anteriores obras de bañistas.

La forma en que los volúmenes geométricos son utilizados por los pintores hacen o no de éstos unos extraordinarios maestros de la composición artística: originales, sutiles o perfectos creadores. Un contemporáneo pintor y compatriota de Cézanne, Adolphe Bouguereau, alcanzaría mucho renombre en su vida gracias a sus obras de gran valor por entonces. A diferencia de Cézanne -pero todo lo contrario hoy en día-, que entre los compulsivos compradores de aquella pintura clásica y formal de finales del siglo XIX no estarían las obras modernas de un iluminado. En una de sus obras clásicas perfectas, El primer duelo, narraba Bouguereau la muerte del bíblico personaje Abel. Muestra en su obra clásica y perfecta el cadáver de Abel en el regazo de un Adán que consuela ahora a una abatida Eva. Magnífica obra Academicista, propia del gran pintor francés clásico y reconocido. Pero, a semejanza de la composición geométrica de antes, aquí el autor clásico también establecerá su propio triángulo artístico, uno formado ahora por los cuerpos desolados de sus conocidos personajes bíblicos. Sin embargo, esa sería la única semejanza entre los dos creadores franceses. A pesar de su contemporaneidad (Bouguereau nace en 1825 y muere en 1905; y Cézanne en 1839 y fallece en 1906), ambos pintores son dos paradigmas muy diferentes de entender, manifestar o expresar Arte. Uno de ellos con la grandiosidad de su clasicismo y de su corrección; el otro con la originalidad y la grandeza de su vanguardia. Pero, también, con algo más ahora entre ambos dos creadores artísticos, algo en común que los dos desarrollarían con esa manera básica de componer conjuntos cada uno de ellos: con la geometría volumétrica artística que llevaría a ser, en toda la historia, una de las más importantes razones compositivas para crear así una auténtica, magistral o muy genial obra maestra de Arte.

(Óleo de Paul Cézanne, Las grandes bañistas, 1906, Museo de Artes de Filadelfia, EEUU; Obra de William Adolphe Bouguereau, El primer duelo, 1888, Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires; Óleo de Sebastiano del Piombo, La muerte de Adonis, 1512, Galería de los Uffizi, Florencia; Obra de Paul Cézanne, Las bañistas, 1906, Fundación Barnes, Pensylvania, EEUU; Óleo Tormenta en el mar de Galilea, 1633, Rembrandt, robada en 1990 y desaparecida desde entonces; Cuadro del pintor impresionista sueco Anders Zorn, El violinista, 1904, robada en el año 2000.)

4 comentarios:

Spaghetti dijo...

Gracias por ilustrarnos con este blog y todos sus contenidos, que enriquecen la cultura y el espíritu.
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Spaghetti.

Anónimo dijo...

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lur jo dijo...

Con las simetrías se consigue aunar equilibrio y armonía, quizás esa sea una de las principales razones, que nos lleva a considerar, algo bello a nuestra vista.

Al leer tu entrada, me viene a la cabeza el antiguo arte egipcio; el cual se sirvió de ellas con mucha frecuencia.

Una reseña espléndida y en perfecta simetría.

Un abrazo.

Arteparnasomanía dijo...

Es lo que justificaría representar algo, lo que fuese, en cualquier medio (piedra, arcilla, adobe, lienzo, etc...)para poder así atraer miradas. Todo un artificio que ellos, los egipcios, seguramente vieron ya como algo poderoso y muy influyente.

Un abrazo.

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