¿Qué le llevaría al pintor francés Georges Seurat (1859-1891) a pintar parte de una de sus obras dentro de otro cuadro suyo, aunque fuese -magistralmente- sólo una parte oblicua de aquella? Este creador neoimpresionista quiso siempre ser muy original y elaborado en su trabajo, delimitando cada artificio pictórico con una nueva plástica perfección milimétrica. En su época estaba ya triunfando absolutamente el Impresionismo, pero él consideraba esta tendencia demasiado intuitiva o azarosa, nada determinada a como, entendía él, todo Arte debería componerse para poder serlo. Y serlo era disponer de la medida perfecta y, por tanto, de la cantidad correcta de precisos elementos unitarios representados de una determinada forma y color. Y así fue como el Puntillismo llegaría a ser una tendencia artística impresionista, aunque por poco tiempo, para llegar a sorprender con su nuevo alarde tan modernista. Cuando compuso en el año 1886 una de sus obras más representativas, Tarde de domingo en la grande Jatte, los críticos argumentaron la frialdad de sus paisajes y la falta de vitalismo de sus figuras, tan despersonalizadas. Así que Seurat, decidido a demostrar lo contrario, al año siguiente crea su otra obra puntillista Las modelos. Quiso demostrar la viveza del cuerpo desnudo femenino con la perfección estilística de su recurso modernista. Pero no pudo menos que reivindicar además su otra obra puntillista del año anterior. Así que la pinta de nuevo, parcialmente y en un segundo plano, para dejar claro que la creación no puede ser vista con los ojos del prejuicio artístico, sino comprendida con los ojos racionales de una nueva impresión.
Pero es que la creación dentro de la creación ha sido un recurso muy utilizado en la historia del Arte. A veces exageradamente. Como el que llevara a David Teniers (1610-1690) a pintar no una ni dos, sino decenas de obras dentro de una gran creación pictórica barroca. La reproducción de obras de Arte dentro de una creación final puede tener diferentes interpretaciones. Una es la de Seurat, es decir, aquella en la que el autor desea destacar alguna obra suya particularmente. Pero otra es cuando el pintor desea destacar la de otro autor o autores diferentes. Aquí pueden haber dos posibles resultados: el que la obra reproducida dentro de otra obra sea fiel a la de su original creador o que no lo sea. Porque el creador final, el último, es el que la pinta ahora de nuevo, no el que lo hizo antes. Y es por lo que el pintor atrevido -el último- puede decidir ahora, justamente, ser o no ser fiel al original. En este caso fue una generosa muestra de aprecio lo que hizo Teniers en su gran lienzo al ser muy fiel a sus colegas. Pero, no ser fiel en absoluto también lo es. En estos casos hay en parte generosidad, porque no hay que olvidar que, en estos casos, probablemente, pueda ser aún mucho mayor la genialidad que en el otro. Y es mayor porque lo que el creador siempre debe hacer es crear y no copiar. La maestría de Teniers consistió en realizar su obra utilizando lienzos de otros pintores como partes elementales y armoniosas de su composición. Hay genialidad en esto, sobre todo por la gran cantidad de lienzos retratados en su obra. Pero Vermeer (1632-1675), sin embargo, hizo otra cosa muy diferente, representaría en su óleo Alegoría de la fe una crucifixión del pintor flamenco Jacob Jordaens, pero, entonces, esta obra traspasada no fue para nada fiel a su original. Y, después de pensarlo, entiendo que debe ser así mejor el resultado, que la no fidelidad a la obra existente no se trata de no generosidad o desprecio, sino de todo lo contrario. Porque para ver la obra original no hace falta más que ir a un museo o verla en una imagen reproducida. Además, haberla copiado puede crear una controvertida e inútil comparación. Vermeer sólo la expuso narrativamente en su cuadro, algo desdibujada y muy diferente al original, adelantándose así a su tiempo, como un alarde por entonces muy expresionista para representar la visión tan solo esbozada de otra cosa.
En su Galería de Pinturas el pintor flamenco Teniers reproduce audazmente obras de grandes maestros del Arte. Aparecen cuadros de Tiziano, de Giorgione, de Tintoretto, del Veronés, de Leonardo, etc... Y todos los reprodujo con enorme responsabilidad, ya que, a diferencia de Vermeer, Teniers no pinta una creación diferente utilizando una obra ajena para, secundariamente, adornar artísticamente otra. No, Teniers crea una gran obra cuyo único sentido son las propias obras retratadas, algo muy diferente. Y en esto estuvo su genialidad. Uno de los cuadros retratados en su enorme lienzo es la obra Diana y Calisto del pintor Tiziano, la obra más grande que pinta Teniers en su lienzo y que se ve de frente y centrada. Pero, ¿cuál fue la elegida por Teniers de las dos obras que, de ese mismo título, pintara Tiziano? Porque este pintor veneciano pintaría dos obras parecidas con ese mismo título y temática. Una de ellas fue la creada en el año 1559 para el rey Felipe II de España. Era una obra inspirada en la Metamorfosis del escritor romano Ovidio. El lienzo permanecería en la corte española hasta que el rey Felipe V, en el año 1704, lo dona al embajador francés. Pasa luego a los duques de Orleans que la terminan vendiendo, en la sangrienta Revolución francesa, antes de ser guillotinado en el año 1791 uno de sus duques. La adquieren entonces unos aristócratas ingleses que la mantuvieron en sus salones egregios hasta que fue vendida a la National Gallery de Londres. Pero, sin embargo, esta obra no fue la pintura que, finalmente, reprodujo Teniers en su Galería de Pinturas.
El pintor flamenco compuso su gran obra en el año 1653 basada en una galería de pinturas existente en Bruselas, la galería del archiduque Leopoldo Guillermo de Habsburgo, que aparece retratado además en la obra. Fue la pintura un regalo para su primo -otro Habsburgo- el rey Felipe IV de España. Es decir, que creó Teniers en su obra todas las pinturas que este archiduque poseía en su colección flamenca. Pero, si existía una obra llamada Diana y Calisto del pintor Tiziano en la corte española, ¿fue ésa la que pintó entonces? No, fue otra Diana y Calisto que Tiziano realizó en el año 1566 para el tío-abuelo del archiduque, el emperador Maximiliano II. Esta es la obra que aparece en la creación barroca de Teniers y no la otra. Curiosamente, la otra obra es la mejor creación artística de las dos, la cual, tiempo después, llegaría a cotizarse por muchos millones de euros cuando la adquirió la National Gallery. Pero, el realizar obras parecidas a otras es otra curiosidad del Arte, ya que nunca los artistas crean, en sus duplicadas obras, lienzos exactamente iguales ni en su composición ni en su calidad artística ni en su magisterio. Siempre hay alguna diferencia, algún añadido o alguna variación artística. El caso es que la obra de Tiziano inmortalizada por Teniers dentro de su creación del año 1653, es la otra versión que aquel hiciera de la suya en el año 1566. Una obra de Arte que hoy guarda entre sus muros el Museo de Historia del Arte de la ciudad de Viena, aquella metrópoli austríaca y vetusta desde la que los Habsburgo mantuvieron su anacrónico y debilitado sacro germánico imperio europeo.
(Óleo El archiduque Leopoldo Guillermo en su Galería de Pinturas, 1653, David Teniers el joven, Museo del Prado; Obra Diana y Calisto, 1559, de Tiziano, National Gallery, Londres; Cuadro Diana y Calisto, 1566, de Tiziano, Museo de Historia del Arte de Viena, Austria; Óleo La Crucifixión, 1622, de Jacob Jordaens; Óleo de Vermeer, Alegoría de la Fe, 1674, Metropolitan de Arte, Nueva York; Obra Tarde de domingo en la grande Jatte, 1886, Georges Seurat, Chicago, EEUU; Cuadro de Seurat, Las Modelos, 1887.)









































